Manuel José Cárdenas
columnista

Cincuenta años de fomento

El país no ha logrado cambiar la oferta hacia bienes y servicios con mayor valor agregado, e integración a las cadenas internacionales de valor.

Manuel José Cárdenas
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Manuel José Cárdenas
abril 09 de 2017
2017-04-09 06:51 p.m.
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Este año se conmemora el cincuentavo aniversario de la expedición del estatuto de cambios internacionales y de comercio exterior, con base en el Decreto 444 de 1967. Este régimen marcó un hito en la historia económica del país y la culminación de un proceso de búsqueda de un marco regulatorio adecuado para hacerle frente a los sobresaltos cambiarios, experimentados desde los años treinta. Para lograr este propósito se contempló que no bastaba, como lo sostuvo el presidente Carlos Lleras, en su mensaje al Congreso, controlar los egresos de la balanza de pagos, sino que era fundamental aumentar sus ingresos a través de una política de fomento y diversificación de las exportaciones, para no depender de un solo producto (café), así como el impulso a la inversión extranjera.

Teniendo en cuenta de que no era suficiente la elevación de la tasa de cambio para estimular las ventas externas, se estructuró una vigorosa política de fomento a las mismas, que implicó la creación de nuevos estímulos institucionales como Proexpo; financieros como crédito subsidiado, y fiscales, el Certificado de Abono Tributario (CAT) y los Sistemas Especiales de Importación-Exportación.

Durante los años de vigencia del estatuto cambiario, que coincidió con el fin de la etapa de economía cerrada, a principios de los noventa, la evolución de las exportaciones menores fue muy heterogenia y esto hizo difícil encontrar explicaciones únicas respecto a sus determinantes. De todas maneras, se consideró que la causa principal de este fenómeno fueron las variaciones en la demanda y las fuertes fluctuaciones de los precios, ya que el 70 por ciento de las exportaciones primarias se orientó hacia países industrializados y la mayoría de las ventas de manufacturas hacia los mercados de los países vecinos. Sin embargo, el esfuerzo de sustitución de exportaciones fue relativo.

Quienes criticaron esta política sostuvieron que sus resultados fueron limitados porque se puso demasiado énfasis en el apoyo gubernamental y no se le dio la suficiente importancia a los mecanismos del mercado. A partir de los años noventa, con la apertura de la economía y la eliminación del sistema de control de cambios e importaciones, se trato de dar más importancia a estos últimos, reduciendo los aranceles y celebrando TLC. No obstante, en esa etapa los resultados también fueron limitados. Se pasó del café a los hidrocarburos como principal producto de exportación y las manufacturas apenas representaron en el 2016 el 26 por ciento de las ventas externas totales.

El país no ha logrado cambiar la oferta hacia bienes y servicios con mayor valor agregado, tecnología e integración a las cadenas internacionales de valor. La política de desarrollo productivo ha sido errática y cambiante en estos años, sin la suficiente permanencia en el tiempo para garantizar desarrollos positivos. Lo más grave es que no se ha tomado conciencia de que hay cambios importantes en la estructura de la economía mundial,, originados en el desarrollo vertiginoso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), que han cambiado la forma de hacer las cosas, y que se ha pasado de un modelo en el que los países comerciaban entre sí a otro en el cual producen conjuntamente.

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