Manuel José Cárdenas

El futuro del comercio internacional

Manuel José Cárdenas
Opinión
POR:
Manuel José Cárdenas
junio 17 de 2015
2015-06-17 04:22 a.m.
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La Organización Mundial del Comercio (OMC) cumple 20 años de su creación, y la pregunta que se formulan los analistas busca determinar cuáles son los retos que le depara el futuro al comercio internacional. La situación actual puede resumirse así: aunque no ha avanzado en los aspectos sustantivos, la dimensión geográfica de la OMC sí se ha extendido, de 123 a 161 países miembros. China y Taiwán se adhirieron en el 2001, Arabia Saudí en el 2005 y Rusia en el 2012.

Aunque no ha avanzado en los aspectos multilaterales, sí existen progresos reales en negociaciones sectoriales y regionales específicas, que se han realizado dentro y fuera de la Organización. (Acuerdo Global de Servicios, Acuerdo de Bienes Ambientales, Acuerdo de Información Tecnológica, Acuerdos Comerciales Regionales).

Como lo sostiene Joost Pauwelyn, profesor de Derecho Internacional del Graduate Institute of International and Development Studies (Ginebra), dependiendo del ángulo desde el cual se mire, las negociaciones comerciales no están en crisis, sino en pleno auge. De todas formas, dejan un margen de maniobra limitado para la OMC, pero abren un amplio espacio para negociaciones de geometría variable. Llega a esta conclusión, teniendo en cuenta los siguientes tres retos: institucionales, de fondo y políticos.

En materia institucional, llega a su fin el modelo de OMC, totalmente centralizado. Considerando que este organismo cuenta hoy con 161 miembros, es normal que parte de los problemas (por ejemplo, de discriminación, subvenciones a la exportación y transparencia) sean reglamentados a nivel multilateral. Pero hay otro tipo de asuntos que requieren más bien pactos regionales y, en algunos casos, se necesita la negociación simplemente de convenios plurilaterales. Algunos serán de cumplimiento obligatorio y otros más flexibles. Esta geometría variable exige, a su vez, diferentes compromisos entre los países participantes, según el tema del que se trate. Y habrá que buscar, también, cómo terminar con la inevitable –pero cada vez menos aceptada– división del mundo entre naciones desarrolladas y en vías de desarrollo. La división institucional del trabajo y la interacción entre los miembros deberán estructurarse de una manera funcional.

En lo que concierne al fondo –y esta es una apreciación muy importante de Pauwelyn, que no se ha tenido en cuenta–, las reglas comerciales, sin importar a qué nivel tienen efecto, deberán adaptarse a la nueva realidad de los intercambios comerciales y estar en línea con las necesidades reales de las empresas (reducción de costos en el comercio, predictibilidad regulatoria, intercambio de flujos de datos y cadenas de abastecimiento), lo que implica evitar las distinciones artificiales que hoy se hacen entre ‘compromisos comerciales’ e ‘inversión’, y entre ‘bienes’ y ‘servicios’.

El tercer reto se refiere al apoyo político que se necesita para concluir los acuerdos en proceso de negociación. Muchos países en desarrollo, China en particular, se encuentran comprensiblemente cómodos con la situación actual. Y querrán recibir algo a cambio de cualquier concesión. En Europa, la preocupación popular que despierta la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (Atci), está alcanzando niveles sin precedentes. Es una oportunidad para sumar la opinión pública a las discusiones, para que se exprese sobre los beneficios y límites de la liberalización comercial.

Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
emece1960@yahoo.com

 

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