Manuel José Cárdenas

La gran guerra y Colombia

Manuel José Cárdenas
Opinión
POR:
Manuel José Cárdenas
septiembre 15 de 2014
2014-09-15 12:44 a.m.
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Por estos días, al cumplirse el centenario de la Primera Guerra Mundial, es mucho lo que se ha escrito y hablado sobre las grandes transformaciones que ella causo en la sociedad. Cayeron los valores tradicionales y aparecieron movimientos alternativos como el pacifismo o el feminismo, se desarrollaron las armas químicas y la cirugía estética, cuatro imperios desaparecieron para dar lugar a las grandes transformaciones europeas y surgió la economía planificada, pero muy poco se ha dicho sobre las implicaciones que ella tuvo en Colombia.

Hasta el principio de la Guerra, Europa había sido el modelo a seguir, sin embargo, en 1918, cuando las hostilidades llegaron a su fin esta estaba destruida y se presentó un cambio brusco en la orientación cultural hacia Europa. El sentimiento nacionalista invadió a América Latina y sus relaciones internacionales comenzaron a tener rumbos diferentes. Estados Unidos sustituyó a las potencias del siglo XIX. Con el ingreso en 1917 de Estados Unidos a la guerra, algunos de sus vecinos del sur le tendieron una mano, otros cortaron relaciones diplomáticas, y el resto, entre los cuales se encontraba Colombia, permaneció neutral.

La guerra afecto a la economía colombiana e implicó la paralización del comercio exterior. Ante la disminución de sus ingresos de aduanas, por la caída de las importaciones y las exportaciones y para evitar una crisis económica, el Gobierno del presidente José Vicente Concha ordenó disminuir los gastos estatales, suspender las obras públicas y aplazar los auxilios para las empresas públicas, colegios y escuelas.

Después de la guerra, Colombia y, en general, los países latinoamericanos, no tuvieron la misma confianza en el modelo europeo y comenzaron a buscar su propia vía hacia el futuro. Este fenómeno se presentó no solo en la clase dirigente, sino también en los trabajadores y estudiantes. En el caso colombiano, la permanente llegada de capitales norteamericanos, especialmente por los 25 millones de dólares que recibió el país por parte de Estados Unidos como indemnización por la pérdida del Canal de Panamá, reafirmó en el transcurso de la segunda década del siglo pasado la hegemonía de esta nación.

Según un estudio de Alvin H. Hansen (‘Hemisphere Solidarity, 1940’), al terminar esa década su influencia se hizo más ostensible en el Caribe y Centro América e incorporó a su zona de influencia a Colombia y Venezuela. Su poder fue menor en el resto de los Estados andinos (Ecuador, Perú y Bolivia). En cambio, el en caso de los países de América Meridional (Chile, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), primó la influencia de los países europeos. Esta distribución del mapa del comercio exterior latinoamericano, basado en el régimen multilateral del libre comercio, cambió con la aparición del Nacional Socialismo Alemán, que le imprimió un enfoque bilateral al mismo, al utilizar los convenios de trueque, la manipulación del tipo de cambio y la dirección de la política comercial por parte del Estado alemán.

Con la aparición de los convenios de trueque desapareció el principio de la cláusula de la nación más favorecida, que implicaba tratar a todos los países por igual en materia de comercio y tarifas arancelarias. Esta situación se mantuvo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Manuel José Cárdenas

Consultor internacional
emece1960@yahoo.com

 


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