Manuel José Cárdenas
columnista

Las paradojas de la historia

Las cosas no van a ser fáciles para el Reino Unido. El Consejo Europeo aprobó las orientaciones que definen el marco para adelantar las negociaciones.

Manuel José Cárdenas
Opinión
POR:
Manuel José Cárdenas
mayo 08 de 2017
2017-05-08 08:21 p.m.
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Al terminar la Segunda Guerra Mundial y quedar Europa destruida y en ruinas, Winston Churchill propuso, en su famoso discurso de Zurich, el 19 de septiembre de 1946, crear a los Estados Unidos de Europa. Dijo: “Los cañones han dejado de disparar, la lucha ha cesado, pero no se han detenido los peligros. Si queremos construir los Estados Unidos de Europa, cualquiera que sean el nombre y la forma que tomen, debemos empezar ahora”.

Fue así como se inicio, con base en el Tratado de París (1951) y los Tratados de Roma (1957), el proceso de integración de la Unión Europa, compuesto inicialmente por la Europa de los seis (Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) y las tres Comunidades Europeas preexistentes (Ceca, Euratom y CEE/CE). Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el primero de diciembre del 2009, la Unión Europea sucedió a las Comunidades Europeas y asumió su personería jurídica única como sujeto de derecho internacional. Así, se inició un proceso en el que la progresiva integración económica allanó el camino a la unión política y a la creación de instituciones supranacionales. Hoy, sin el Reino Unido, se extiende a 27 países miembros.

Paradójicamente, esta historia de éxitos ha sido interrumpida con la decisión del Reino Unido –que le dio el impulso inicial al proceso– de retirarse y denunciar, el 27 de marzo pasado, el Tratado de Lisboa. Desde entonces, empezó a correr un plazo de dos años para estructurar la salida y fijar el nuevo marco de las relaciones con la UE. El Gobierno inglés quiere, entre otros, abandonar el mercado único, recobrar la libertad comercial para celebrar acuerdos con terceros, retomar el control de las fronteras, acabar con la libertad de movimiento y limitar la entrada de trabajadores europeos al país.

Pero las cosas no van a ser tan fáciles para el Reino Unido. El 29 de abril, el Consejo Europeo aprobó las orientaciones que definen el marco en que se deben adelantar las negociaciones. Será un proceso largo que implica una retirada ordenada y por etapas, dando prioridad a los derechos de los ciudadanos. El Consejo no quiere, como pretenden los británicos, negociar los términos del retiro y los nuevos acuerdos comerciales a la vez. Primero se pacta la ruptura y después se negocian los acuerdos.

Al separarse de la UE, el Reino Unido se desprende de su cobertura global. Le será más difícil renegociar en solitario los 60 tratados comerciales celebrados en su nombre (y de sus socios) por Bruselas. El objetivo del Gobierno de May, de recuperar la soberanía nacional para llevar por sí solo una política antiinmigratoria, chocó con el rechazo del Parlamento,que exigió su intervención como órgano representativo de la soberanía nacional.

La guía aprobada por el Consejo afecta la soberanía británica en dos asuntos claves del nacionalismo inglés. Cualquier acuerdo sobre la relación futura Europa/Reino Unido posdivorcio solo se aplicará al Peñón de Gibraltar si lo acepta España. Se señala, además, que si como efecto del retiro, el Ulster decide agruparse con la República de Irlanda, quedaría ipso facto incorporada a la UE, por absorción (como la RDA por la RFA) o ampliación interna.

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