Manuel José Cárdenas

Nueva gobernanza

Manuel José Cárdenas
Opinión
POR:
Manuel José Cárdenas
julio 27 de 2014
2014-07-27 09:30 p.m.
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Al terminar la Segunda Guerra Mundial y quedar Estados Unidos como líder indiscutible del mundo, se buscó organizar la comunidad internacional en un marco multilateral, para lo cual se crearon, con base en los Acuerdos de Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Al primero se le encargó la vigilancia de la libre convertibilidad internacional con un tipo de cambio sólido, fijo y estable, basado en el dólar. Los demás países debían fijar el precio de sus monedas con relación a esta y, de ser necesario, el Fondo podía intervenir los mercados cambiarios con el fin de mantener los tipos de cambio en una banda de fluctuación del 1 por ciento. Los préstamos que cada país solicitaba al FMI solo podían ser destinados a cubrir los déficit temporales de balanza de pagos, y se le daba a cada deudor un plazo de pago de tres a cinco años (préstamos de mediano plazo). De ser necesaria cualquier asistencia a largo plazo, la misma debía ser solicitada al Banco Mundial.

Este sólido sistema monetario internacional construido alrededor de la economía norteamericana ha venido desmoronándose, en la medida en que este país ha venido perdiendo influencia en el mundo y van surgiendo otras potencias emergentes.

A pesar de que en 1976 el dólar dejó de ser la moneda de paridad, el Fondo mantuvo su influencia, a raíz de la crisis de la deuda, con base en las ideas neoliberales del Consenso de Washington, que obligo a sus países miembros, especialmente a los latinoamericanos, a aplicarlas si querían tener acceso a créditos otorgados por estas entidades. Hoy, no existen esas condicionalidades.

A lo largo de los últimos años se han hecho varios intentos fallidos para la reforma del sistema de Bretton Woods, con el fin de reinventar las instituciones, sus objetivos, el reparto de poder en los mismos, así como la forma de asignación de recursos, para que se adapten a la nueva realidad emergente.

Como ello no ha sido posible internamente se ha buscado acciones externas. La más reciente es la de los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica), al poner en marcha un nuevo Banco de Desarrollo y un Fondo de Contingencia que, además, implican un desafío político. Rusia fue expulsada del G8 a raíz del conflicto con Ucrania y quiere demostrar al mundo que sigue siendo una potencia global con influencia.

Para China es una excelente oportunidad para financiar la expansión de sus empresas en África y Latinoamérica, casi tanto como la posibilidad de acceder a financiación para India, Brasil o Suráfrica, ahora que sus economías están necesitadas de un cierto estímulo.

El eventual éxito de estas nuevas instituciones aún está por verse. Las tensiones entre los mismos Brics para constituir el proyecto han sido evidentes, pues quieren evitar que China cobre un papel dominante en la estructura financiera del nuevo organismo. A pesar de estos esfuerzos, la sede del banco estará en Shanghái y, aunque todos los países han hecho una aportación igual al capital inicial del banco, la fortaleza financiera de China se ha impuesto en la constitución del fondo de reservas. Futuras ampliaciones de capital consolidarán esa posición. ¿Se esta empezando a reconocer un nuevo liderazgo?

 

Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
emece1960@yahoo.com

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