Manuel José Cárdenas
columnista

Una decisión trascendental

Al votar por el SÍ, se decidirá la desaparición de las Farc como grupo armado, a cambio de unas reformas que incluyen su participación política.

Manuel José Cárdenas
Opinión
POR:
Manuel José Cárdenas
septiembre 18 de 2016
2016-09-18 04:59 p.m.
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A lo largo de más de 50 años que ha durado el conflicto armado con las Farc, han existido varios intentos fallidos de negociación para ponerle fin y avanzar hacia una paz estable y duradera, pero no ha sido posible, pues estas han estado envenenadas por un espíritu de venganza y retaliación, que buscaban imponer a la contraparte su verdad y hacerle pagar por los delitos cometidos. Era la ley talión, ojo por ojo y diente por diente, que en materia penal es conocida como justicia retributiva.

La justicia transicional se refiere a una forma específica de justicia que tiene la compleja tarea de encontrar un punto medio entre la justicia retributiva plena –la punición–, por un lado, y la impunidad absoluta –la amnistía–, por el otro, y es la que se ha acogido en el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera, que se someterá a plebiscito el 2 de octubre. En esta fecha, los colombianos tendrán que decir si apoyan o no el acuerdo, que implica sanciones no necesariamente privativas de la libertad. Se trata de una decisión transcendental para la vida política del país y para el futuro de los colombianos. Para tomar esta decisión, hay que ponderar el bien que produce y el mal que resulta imposible evitar.

Al votar por el SÍ, se decidirá la desaparición de las Farc como grupo armado, a cambio de unas reformas que incluyen su participación política. Esas reformas hay que mirarlas como un ‘acuerdo global’, basado en la esperanza, el trabajo y el reconocimiento de los demás. Buscan superar los intereses personales y tratar de construir una visión de la paz que respeta la institucionalidad, el modelo político y económico vigente. La justicia transicional, y la reparación que ella lleva implícita, no significan impunidad, ni olvido, sino que permitirán acercar a las víctimas y a los victimarios. No habrá amnistía para los delitos de lesa humanidad

Votar por el NO es un salto al vacío. Aunque jurídicamente, con base en el fallo de la Corte Constitucional, es posible renegociar el acuerdo en La Habana, políticamente es improbable que ello suceda, porque las Farc no van a estar dispuestas a realizar un ajuste a los acuerdos para atender las demandas de la oposición al proceso de paz.
(Penas privativas de la libertad, declarar su inhabilidad política y excluir a guerrilla de la escogencia de los magistrados del Tribunal Especial para la Paz). Atender estas demandas implicaría renunciar a su naturaleza política, cosa que no va a hacer posible porque este reconocimiento fue la condición para entrar a negociar. En ese caso, preferirían irse para el monte y continuar la guerra con el poder político y militar que aún tienen. Además, en lo que se refiere al Gobierno, el presidente Santos ha dicho que si el NO obtuviera la mayoría, él se considera relevado de su gestión pacificadora. Todo ello implicaría reabrir el conflicto armado, con su subsiguiente secuela de muerte y desolación, no se sabe hasta cuanto tiempo.

Por lo anterior, queda claro que el triunfo del SÍ abre el camino para una paz estable y duradera, mientras el NO, no necesariamente implica el retorno de la guerra, pero es probable que ello suceda.

Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
emece1960@yahoo.com

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