Manuel José Cárdenas

Veinte años después

Manuel José Cárdenas
Opinión
POR:
Manuel José Cárdenas
julio 14 de 2014
2014-07-14 12:35 a.m.
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Para finales del presente año, el expresidente Bill Clinton está organizando en Panamá una reunión para conmemorar los 20 años de la Primera Cumbre de las Américas, realizada en Miami entre el 9 y 11 de diciembre de 1994. Estas cumbres están compuestas por los jefes de Estado y Gobierno de América, son auspiciadas por la OEA y tienen como objetivo definir una estrategia común para resolver los problemas de la región. Hasta el presente, se han hecho cinco cumbres, y en la primera se aprobó una Declaración de Principios que propició la integración económica continental, a través del libre comercio para erradicar la pobreza y la discriminación en el hemisferio. Así como en la novela de Alejandro Dumas, conviene examinar qué ha pasado ‘veinte años después’.

Esta Declaración implicó una reorientación de fondo de la integración latinoamericana que había privilegiado la integración subregional y rechazando la integración continental con países desarrollados como eran Estados Unidos y Canadá. A partir de ese momento se inició la negociación del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), iniciativa que fracasó al no contar con el respaldo de todos los países de la región, particularmente los de Mercosur. Ante esta situación, los países latinoamericanos que eran partidarios de la integración continental celebraron tratados bilaterales de libre comercio no solo con Estados Unidos y Canadá, sino también con otros países desarrollados de Europa y Asia. Este enfoque diferente ha traído consecuencias distintas si se analizan desde el punto de vista de las relaciones hemisféricas y latinoamericanas.

Con respecto a las relaciones hemisféricas no queda duda de que los tratados de libre comercio han sido beneficiosos para Estados Unidos y los países latinoamericanos que optaron por la integración continental. En cambio, los países de América Latina que optaron por la integración subregional han tenido resultados más negativos al cerrar sus economías. Entre los primeros están los Estados de la costa del Pacífico, agrupados en la Alianza del Pacífico (Colombia, Chile, Perú y México), que son más dinámicos y abiertos y, de otra, los países del Atlántico, agrupados en Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela), que son más proteccionistas y burocráticos.

La Alianza del Pacífico cuenta con una mayor confianza de los inversionistas internacionales y de los organismos de crédito. Sus Gobiernos tienen mayor respecto por el Estado de Derecho, el sistema democrático y son más ortodoxos en materia económica y social. En cambio, los Gobiernos de tres grandes economías del Mercosur (Argentina, Brasil y Venezuela), son más populistas y tienen mayores problemas para controlar la inflación, conseguir financiación externa y alcanzar el crecimiento económico. En cuanto al gasto social, los países del Mercosur superan a los de la Alianza del Pacífico. Pero, aunque las importantes ayudas públicas han permitido a mucha gente salir de la pobreza extrema, los desembolsos no han supuesto una verdadera revolución en el desequilibrio de la renta y en la desigualdad de oportunidades. Un informe reciente del Fondo Monetario Internacional, considera que en el corto y medio plazo la Alianza del Pacífico crecerá más que Mercosur. Este año crecerá entre 3 y 4 por ciento, mientras Mercosur lo hará apenas entre 0,6 y 1 por ciento. Por eso no conviene que la Alianza, por razones simplemente políticas, busque una aproximación a Mercosur.

Manuel José Cárdenas

Consultor internacional

emece1960@yahoo.com

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