Marcela Junguito Camacho

Innovar en
educación


Marcela Junguito Camacho
Opinión
POR:
Marcela Junguito Camacho
junio 20 de 2016
2016-06-20 07:00 p.m.
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Oímos hablar de innovación en todas partes: innovar en la industria, en la investigación, en la gastronomía, en fin. Pero pocas veces en nuestro país se oye hablar de innovar en la educación. Pareciera que aún existe una distancia entre la innovación y la pedagogía, cuyo origen quizás pueda rastrearse a una visión tradicionalista de la educación. En un mundo que reclama formas novedosas de hacer las cosas, deberíamos tener puestos los ojos en lo que se enseña en la escuela. Difícilmente tendremos profesionales innovadores si no nos ponemos en la tarea de formar estudiantes críticos, propositivos e intelectualmente audaces. ¿A quién corresponde formar a esos estudiantes? A todos.

El rol del maestro es crucial, pero no es el único. Quienes intervenimos en la educación de niños y jóvenes, tenemos una responsabilidad frente a la enseñanza de la innovación. Los rectores de colegio, por ejemplo, somos un referente claro para ello. En nuestras manos está definir y liderar proyectos educativos que estimulen y premien pensar de otras formas. Esto involucra a, y repercute en los estudiantes, los padres, los profesores y todo el aparato administrativo de una institución. Un ambiente en el cual proponer y ejecutar proyectos nuevos no solo es bien visto, sino altamente deseable, es un escenario en el cual las ideas encuentran su cauce, tienen posibilidad de generar un impacto. Y lo que es más positivo de esta apuesta es que obliga a los colegios a tener las metas claras, pues solo así puede permitirse la creatividad en la consecución de esas metas.

Los maestros que enseñan a innovar son ellos mismos maestros innovadores. Primero, entienden que su función no es solo enseñar, sino que sus estudiantes aprendan. En ese sentido, la medida de su logro está en el éxito y no en el fracaso de sus alumnos. Segundo, son personas que creen y confían en sus estudiantes: le apuestan a sus capacidades, recompensan el esfuerzo, consideran las diferencias de aprendizaje y permiten que cada uno construya el camino hacia el saber. Son maestros que inspiran, que guían, que monitorean y verifican la comprensión, que acuden a innumerables recursos para hacer de lo que enseñan materia relevante. Están al día, son tecnológicamente hábiles, y tienen plan B, C y D para lograr sus objetivos de aprendizaje.

A los maestros innovadores los motiva el reto y son resilientes ante la frustración; conciben el salón de clase como un laboratorio de ideas, en donde permanentemente se ponen a prueba sus hipótesis de trabajo.

Los padres que fomentan la innovación son padres que comparten ciertas posturas frente a la educación de sus hijos. Por un lado, aceptan y agradecen que a sus hijos les enseñen de maneras diferentes a como aprendieron ellos. Y por otro, acompañan de cerca el proceso de aprendizaje de sus hijos, permitiéndoles que sean ellos quienes desarrollen sus proyectos y tareas. Por último, son modelo de pensamiento crítico y acción responsable.

Formar innovadores es tarea de todos, y la educación el escenario ideal para hacerlo. Si nos proponemos fortalecer y guiar la curiosidad y creatividad innata de los niños, en pocas décadas tendremos un país muy diferente.

Marcela Junguito Camacho
Rectora del Gimnasio Femenino

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