Marcela Junguito Camacho
columnista 

Trece razones

Thirteen Reasons Why es una serie fiel a la realidad de los adolescentes de hoy. No deja de retratar el mundo de ellos.

Marcela Junguito Camacho
Opinión
POR:
Marcela Junguito Camacho
junio 01 de 2017
2017-06-01 09:32 p.m.
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En los últimos meses, la serie de Netflix, Thirteen Reasons Why, ha generado todo tipo de alarmas en padres, educadores y medios, bajo la premisa de que la historia invita a los adolescentes a suicidarse. Antes de alertar a mi comunidad lanzando juicios nacidos del pánico colectivo, quise ver la serie para poder juzgar con conocimiento de primera mano. Después de verla completa, mi conclusión general es que todo padre, madre y educador debería verla; más aún, si sus hijos o estudiantes la están viendo. Estas son mis trece razones:

Primera, es una serie fiel a la realidad de los adolescentes de hoy. Por cruda, dura y dolorosa que sea, no deja de retratar el mundo de los adolescentes actuales, y eso nos obliga a no cerrar los ojos, sino a abrirlos con valentía.

Segunda, pienso que puede ser una excusa para iniciar una conversación con nuestros adolescentes, que de otro modo es difícil iniciar. Tercera, pone el tema del bullying en perspectiva. Ya nos hemos acostumbrado como sociedad a juzgar una situación de bullying (o del conflicto en general) con las pobres categorías de buenos y malos. En este sentido, la serie hace su tarea en evidenciar que la línea entre la bondad y la maldad en un ser humano no es tan clara ni tan definitiva.

Cuarta, nos ayuda a dimensionar el impacto de las interacciones con nuestros jóvenes sobre su imagen de sí mismos y su autoestima; una palabra, un gesto, un silencio pueden ser causantes de inmensa alegría o inmenso dolor. Quinta, evidencia el hecho de que tanto la casa como el colegio son responsables de hacer que un adolescente no se sienta solo y sin opciones.

Sexta, nos muestra lo irremediable que puede ser percibida una situación para un joven cuando no encuentra quién le valide sus sentimientos ni le dé estrategias dignas para superarla.

Séptima, hace explícitas las consecuencias del slut-shaming, el fenómeno social de estigmatizar y atacar a una mujer por transgredir lo que se percibe como comportamientos sexuales socialmente aceptados. Octava, explora los efectos nocivos que tienen las expectativas de perfección que tienen algunos padres sobre sus hijos, quienes se sienten llamados a cumplirlas a costa de todo y de todos.

Novena, cuestiona estereotipos asociados a la diversidad sexual y de género. Décima, habla de los códigos de amistad y solidaridad entre los adolescentes, que los adultos por lo general no comprendemos y juzgamos. Décima primera, muestra lo cortos en recursos que son nuestros adolescentes para establecer y mantener relaciones afectivas sanas.

Décimo segunda, da luces sobre las situaciones en que los jóvenes necesitan contar con recursos de autocuidado y resolución de conflictos. Y, finalmente, porque ejemplifica la prevalencia de la temible idea de que el amor es redentor y, por ende, que cuando se frustra, la muerte aparece como única vía.

Nota: agradezco a mi amiga y colega Juliana Martínez, cuya conversación inspiró estas palabras.

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