María Sol Navia V.
columnista

Horror en la justicia

El principal reto de Colombia hoy es la corrupción profunda que invade a todos los poderes públicos.

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
agosto 23 de 2017
2017-08-23 08:47 p.m.
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Hace poco más de un año, escribía un reconocimiento a un vallecaucano ejemplar y líder regional y nacional, destacando cómo supo conciliar la función pública con el trabajo empresarial, sin buscar atajos para su propio beneficio o el de su empresa familiar, y cómo sí es posible ejercer cargos públicos con trasparencia y en favor del país.

Citaba en ese momento el escándalo de Reficar, como el extremo aberrante de corrupción a que habíamos llegado, y lejos estaba de pensar lo que seguiría ocurriendo o destapándose: Marketmedios, los dineros para la alimentación de los niños, los de la salud, y sobre todo, Oderbrecht. Este parecería ser el culmen del deterioro de nuestra moral, sin embargo, no era lo peor. Lo que se está destapando en relación con la corrupción de la justicia, de la alta magistratura, de expresidentes de la Corte Suprema de Justicia es la putrefacción total.

Ya varios de estos magistrados estaban cuestionados por diferentes conductas en el desempeño de sus cargos, e incluso algunos comportamientos personales y familiares al comprometer su independencia con fallos relacionados con normas a expedirse y el desarrollo del proceso de paz, pero lo sabido hasta hoy no puede menos que asquear y causar pánico.

¿En manos de quién está la justicia? ¿Quiénes son los responsables de la selección de los altos jueces? La injerencia política para lograr los fines perseguidos ha contaminado totalmente la estructura que debe garantizar a la sociedad su seguridad jurídica, institucional, económica, la estabilidad del Estado y del país, el desarrollo de los negocios, la vida social y la democracia misma.

Y como si fuera poco, en 25 años, desde 1992, según la corporación Excelencia en la Justicia, solo ha sido sancionado un magistrado o exmagistrado, habiéndose presentado más de 3.500 acusaciones. La impunidad total, por lo cual seguirán campeando por los pasillos de los órganos judiciales personajes de esta categoría. ¿Qué responsabilidad tienen las universidades y las facultades de Derecho, los colegios y los educadores, las familias? Las fallas están en las bases de la sociedad, en el mercantilismo y el deseo de dinero fácil y rápido, en la ambición política que salta todos los atajos para llegar al puerto deseado a cualquier costo y, finalmente, allí repetir el ciclo con miras a beneficios propios. Los gobiernos comprometiendo a quienes pueden obstaculizar sus intereses, con dádivas, contratos, nombramientos.

El actual presidente tiene sobre sus hombros la responsabilidad de sacar al país del lodazal en que se ha internado, y los candidatos presidenciales deben ser muy claros en sus planteamientos de respeto a los otros poderes e independencia real de los mismos. Hacer compromisos serios que el país debería cobrar a quien resulte electo y no los respete, exigiendo responsabilidad política por no cumplir con el programa anunciado.

Por el actual camino vamos hacia el peor despeñadero vivido por el país, en un momento en el que las alarmas están al rojo también sobre el desempeño económico y fiscal, advertido por serios economistas y calificadoras internacionales. En este ambiente de temor, incertidumbre, inestabilidad, polarización, depresión por sentirse desprotegido de la justicia, es muy difícil que la economía reaccione y se genere el empleo indispensable para el bienestar social.

El principal reto de Colombia en estos momentos es la corrupción profunda que invade todos los poderes públicos, ninguno se salva, y desde luego de la que no está exenta la empresa privada, cuando muchas de ellas son las cómplices o artífices de la misma.

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