María Sol Navia V.
columnista

La validez de las coaliciones

Pocas veces las coaliciones se han integrado para sacar adelante un programa de gobierno que obedezca a una visión de país compartida.

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
julio 04 de 2017
2017-07-04 09:35 p.m.
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En varios sistemas de gobierno, especialmente en los regímenes parlamentarios, las coaliciones políticas para acceder al poder o para gobernar son totalmente válidas y comunes al momento de formar un gobierno cuando el partido ganador no cuenta con las mayorías necesarias en el parlamento.

Lo importante en el ejercicio de este juego político son las bases sobre las cuales se construyen este tipo de acuerdos o alianzas. Cuando se dan en razón de afinidades ideológicas y políticas, en el hecho de compartir una visión común de país, en buscar un futuro con perspectivas similares y por caminos iguales o parecidos, en tener ideales comunes, o al menos conciliables dentro de tendencias compatibles, en construir un plan de gobierno y unos objetivos orientados a fines discutidos y apoyados por los miembros de los diferentes grupos o partidos que entren a formar parte de estas uniones, es absolutamente legítima la búsqueda de aproximaciones y el planteamiento de una alianza que conduzca a los integrantes, a ejercer el poder y sacar avantes sus propuestas para lograr alcanzar la visión trazada.

No ocurre lo mismo cuando dichos acercamientos se dan exclusiva o prioritariamente alrededor de compartir y repartir los gajes y beneficios del poder, buscando privilegios para los integrantes del grupo que así se conforme, maquillando estos intereses personales bajo un manto de acuerdos programáticos, que en realidad son acuerdos burocráticos y presupuestales relacionados con la repartición de cuotas y contratos entre los integrantes de la nueva camarilla.

Tristemente, en nuestro país, desde luego que no en el único, este esquema de manejo político ha hecho carrera, y como otros aspectos del deterioro del ejercicio de la política y del poder se ha incrementado de manera alarmante. Los acuerdos a que llegan los partidos a través de sus representantes en las ramas del poder público, buscan primordialmente mantener el circulo vicioso de salir electo o ser nombrado, para lograr contar con las herramientas y ejercer las acciones que les permitan volver a otra elección y ganar nuevamente, y de esta forma seguir detentando el poder de manera indefinida.

Pocas veces, las coaliciones se han integrado para sacar adelante un programa de gobierno que obedezca a una visión de país compartida, y cuando así se ha hecho, o se le ha dado ese barniz, por detrás yacen los inmensos compromisos que han sido el alto precio que tiene que pagar el gobierno de turno para avanzar en algún sentido. Por tanto, las coaliciones estratégicas merecen ser respetadas y las componendas burocráticas deben ser rechazadas enérgicamente.

Ojalá los movimientos que se empiezan a definir para la conformación del próximo Congreso y a la elección del nuevo presidente de la República, reflejen, con transparencia, las ideas, y bienvenidas sean las alianzas que buscan el modelo de país que unos u otros imaginan, para que de esta forma los electores podamos tener ocasión de escoger el camino que queremos transitar nosotros y nuestros hijos.

Preocupan sí, y mucho, las descalificaciones que agresivamente se empiezan a agitar en medio de un país enfrentado, polarizado y estancado, y en el cual existe el derecho a opinar y proponer cambios, sin que por esto se deba tachar a quienes así opinan de ser enemigos de la paz o de la justicia social, cuando en realidad hay varios caminos para llegar a ellas.

Querer imponer una sola visión del futuro, sin permitir discutir la conveniencia o validez del modelo y el precio institucional que tiene que pagar el país para lograrlo, puede conducir a retrocesos, a épocas aciagas anteriores al Frente Nacional, o a nuevas formas de violencia.

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