María Sol Navia V.

Prudencia heroica

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
agosto 08 de 2012
2012-08-08 12:29 a.m.
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Lo ocurrido recientemente en el departamento del Cauca con los indígenas es resultado de problemas represados por mucho tiempo, que el Estado Colombiano no ha atendido, ni oportuna ni tardíamente, a lo cual se suma el principio constitucional sobre los derechos de estas etnias para administrar sus territorios, y que podría causar algún grado de confusión.

Esto no significa, de ninguna manera, que pueda haber partes del territorio nacional que estén por fuera de la jurisdicción estatal, y que las autoridades y el Ejército Nacional deban estar ausentes de estos. Por tanto, lo que pretenden los indígenas al arrojar de estas tierras a nuestro Ejército y retirar la base militar allí ubicada, es, absolutamente, intolerable, mucho más si para ello utilizan la fuerza y la violencia, de la forma brutal como lo hicieron con el grupo de militares comandados por el Sargento García, que tenían asignada por sus superiores la tarea de cuidar dicha base y velar por la seguridad de esta zona.

Los hechos allí registrados son una afrenta no solo para las instituciones y, especialmente, para nuestro Ejército, sino para todos los colombianos.

La forma indignante en que trataron a este grupo de militares ha causado el repudio de la gran mayoría de compatriotas que reconocemos en el Ejército, la institucionalidad que nos defiende y representa.

El atropello con ellos cometido no puede aceptarse de ninguna manera, y no puede repetirse, independientemente de la problemática que se está registrando en esta región y la necesidad de atender los graves problemas sociales que allí se viven.

La guerrilla, que ha infiltrado algunas comunidades indígenas, como ellas mismas lo reconocieron al castigar a algunos de sus miembros por participar de las actividades de esta, quiere aprovechar esta situación para continuar apoderándose de la zona y fortalecer sus actividades delictivas, de tal manera que, con mayor razón, el territorio debe estar custodiado por el Ejército.

La situación no es fácil, porque la justicia debe aplicarse en todo el territorio, aunque simultáneamente se busquen los diálogos que permitan precisar las demandas y necesidades de estas comunidades, y atenderlas.

Esto implica conciliar dos soluciones que, aunque parezcan contradictorias, debe buscarse que sean complementarias.

Pero es oportuno destacar, en todo este episodio, el heroico comportamiento del sargento García y su grupo, cuando siendo arrastrado y humillado, vapuleado y atropellado, lloró, pero no perdió la serenidad.

Actuó con inmensa lucidez y coraje, pues a pesar de portar las armas de la República, supo respetar la vida e integridad de las personas que no respetaron la suya y su dignidad.

Las imágenes que pudimos ver los colombianos nos llenaron de indignación con el grupo de indígenas que cometieron los actos afrentosos, pero de orgullo y admiración por este militar que, una vez más, deja en alto el nombre de nuestro Ejército y da un testimonio de su valor, entereza y abnegación, así como de los principios éticos y morales que recibe en su formación.

El Ejército debe ser respetado y apoyado.

Por tanto, sirva esta coyuntura para insistir en la necesidad del fuero militar, que delimite claramente las responsabilidades de sus miembros cuando se presente algún abuso, pero que vele porque se aplique una justicia debida, cuando ejecutan actos en defensa de la integridad del país y la democracia.

María Sol Navia V.

Exministra de Trabajo

msol.navia@gmail.com

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