Mario Hernández Zambrano

Pasando por EE. UU., Filipinas y Brasil

Mario Hernández Zambrano
Opinión
POR:
Mario Hernández Zambrano
mayo 19 de 2016
2016-05-19 08:37 p.m.
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“Están trayendo sus drogas, están trayendo su crimen. Son violadores y algunos, asumo, son buenas personas”. Con esta frase, que tacha de criminales a los inmigrantes mexicanos, Donald Trump, otrora candidato ‘payaso’, inició ahora su carrera para obtener, primero, la nominación del Partido Republicano y, luego, seguramente, enfrentar a la también muy posible candidata demócrata, Hillary Clinton. Son muchas las frases pronunciadas por Trump que resultan agresivas, pero que nada impiden que continúe su ascenso que lo tiene cerca de ocupar la Casa Blanca, sorprendentemente, y no entendido por muchos.

Más allá de sus bocanadas, el candidato ha centrado su discurso en la promesa de “recuperar la grandeza” de Estados Unidos, y la gente le ha creído; muy parecido a lo que hizo el controvertido Vladimir Puttin, en Rusia, al presentarse como el ‘supermán’ capaz de subirle la autoestima a su pueblo, sin importar el precio a pagar. A decir verdad, lo ha logrado, pese al miedo que ha generado en Europa y Estados Unidos. En ese orden, no es de extrañar que Puttin se haya referido a Trump como “brillante y talentoso”.

Ese sentimiento no es exclusividad de Estados Unidos ni de Rusia. Muy lejos de allí, acaba de ser elegido presidente de Filipinas, el abogado, de 71 años, Rodrigo Duterte, quien, con un carisma indudable y una verborrea que gusta, presume de relaciones adúlteras y reconoce tener cuatro hijos con cuatro mujeres distintas. Y esta es una de las frases con la que ha generado una gran controversia: “A todos ustedes que andan con drogas, a ustedes, hijos del diablo, de verdad que los voy a matar (…). No tengo paciencia, ni término medio. O me matan a mí o los mato a todos, idiotas”.

Con esas expresiones, el personaje se ganó el sobrenombre de ‘Harry el sucio’ o ‘El castigador’, entendible al prometer que si era elegido presidente, reduciría el crimen en un tiempo récord –entre tres y seis meses–, así como que también acabaría con la corrupción. Con todo eso, los filipinos han decidido que Duterte es el único capaz de poner en orden al país y lo eligieron.

Según los análisis, su inesperada conquista de la presidencia refleja la frustración de los ciudadanos, hartos de la corrupción endémica, de la pobreza y de que la economía esté en manos de unos cuantos clanes familiares, que, según la mayoría, lo único bien que han hecho es apoderarse de los bienes públicos. Real o no, es la idea de la gente en uno de los países más católicos del mundo.

Guardadas las proporciones, eso es Trump, quien dice lo que el ciudadano promedio de Estados Unidos quiere escuchar para enfrentar los problemas de la vida diaria, y que, desafortunadamente, los políticos profesionales de su partido no están sintonizados, e incluso Clinton resulta muy ajustada al establecimiento, que no quiere cambiar nada. La incertidumbre está en la verdadera capacidad de Trump para hacer realidad esa ambición ciudadana sin producir una tercera guerra mundial.

P.D. La presidenta de Brasil, Dilma Dilma Rousseff acaba de ser suspendida del cargo por seis meses, por una clase política no menos cuestionada y corrupta. Y el argumento central para la decisión es que la mandataria ‘maquilló’ las cifras fiscales. Resulta risible, pues eso lo hacen todos los gobiernos del mundo, ricos y pobres, en función de la conveniencia. Y organismos como el FMI, lo conocen y lo aceptan. ¡Nadie sabe el precio que van a pagar los brasileños por esa decisión!

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
mariohernandez@mariohernandez.com

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