Mario Hernández Zambrano
columnista

Más allá del 2 de octubre

El carácter y fortaleza de los colombianos se ha puesto a prueba de nuevo, y, sin duda, otra vez habrá una ratificación de esa fuerza.

Mario Hernández Zambrano
Opinión
POR:
Mario Hernández Zambrano
octubre 25 de 2016
2016-10-25 10:29 p.m.
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En alguna oportunidad escuché en una reunión –en un club– de distinguidos empresarios y de gente que llaman ‘de clase’, a un cura jesuita decir esta frase como testimonio de vida: “aquí nadie se ha quedado ni nadie se ha llevado nada”. Luego comprobé que el cura salió a la recepción del club y solicito el servicio de un taxi para que lo llevara a su destino. Sin pretensiones ni soberbia.

La inmensa, pero inmensa, mayoría de los colombianos es gente trabajadora que lucha a diario por sacar adelante sus proyectos de vida, y lo que menos les interesa es saber de protocolo, de la última moda, o del cómo se coge un vaso de whisky –como me lo reclamó muy orondo un alto ejecutivo en un exclusivo club–, como si eso fuera determinante para algo en la vida.

En Bogotá, por ejemplo, se estima que hay unas 400.000 empresas legales, de las cuales el 95 por ciento, esto es, 380.000, son micro y pequeñas unidades empresariales. O basta ir al centro de la ciudad, a las 9 o 10 de la noche, para observar la cantidad de estudiantes-trabajadores que buscan, con un gran sacrificio, mejorar en la escala profesional.

La gente en Colombia se ha formado con esfuerzo y una gran capacidad para enfrentar los problemas y visualizar el futuro con optimismo, y tiene sus propios mecanismos para encarar la realidad, no siempre favorable. Y, sin duda, que la solidaridad es un atributo que nadie puede desconocer, en particular cuando se presentan situaciones adversas. Esos colombianos buenos pululan en todas partes.

En ese orden, todos quieren vivir mejor y en paz. Es muy diciente –para bien– que después de los resultados del plebiscito del 2 de octubre no se ha haya dado ninguna bronca mayor entre los del ‘Sí’ y los del ‘No’, más allá de las discrepancias, discusiones normales, y pese a la provocación de muchos a través de las redes sociales, que pregonan el caos, y de algunos dirigentes políticos con intereses muy particulares.

Sin ser injustos, pocos de ellos saben lo que es trabajar en el sentido integral de la palabra. Tampoco hay que atribuir ese comportamiento ciudadano a una intención de la gente de las Farc, para quienes el mejor escenario es que los colombianos se enfrenten y se vayan a los golpes, como ha sido su modelo de muchos años.

Existe gran expectativa entre la ciudadanía por lo que pueda pasar con el proceso entre el gobierno y guerrilla de las Farc. Por ello es muy grande la responsabilidad de quienes tienen ese encargo, pero la condición es que su trabajo no puede estar guiado por el egoísmo y los cálculos políticos, que no sería aceptado por el país.

No se puede desconocer el recorrido que ha liderado el presidente Santos, y que mereció el máximo reconocimiento con el Premio Nobel de la Paz. Pero la exigencia de la democracia puso sus condiciones y hay que acatarlas, independientemente de la diferencia electoral, como se ha hecho y obedecido cada cuatro años, cuando hay cambio de inquilino en el palacio presidencial.

El carácter y fortaleza de los colombianos se ha puesto a prueba de nuevo, como en muchas otras ocasiones más duras (por ejemplo, los años de terror del narcotráfico), y, sin duda, otra vez habrá una ratificación de esa fuerza, pero sin que ello implique echar por la borda los principios y la necesidad de hacer bien las cosas, así haya que tener paciencia, como se ha tenido siempre.

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
mariohernandez@mariohernandez.com

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