Mario Hernández Zambrano
columnista

La decadencia de los políticos

¿Está la gente dispuesta a aceptar todo, o casi todo, con tal de pasarle una cuenta de cobro –sin contemplación alguna– a los políticos?

Mario Hernández Zambrano
Opinión
POR:
Mario Hernández Zambrano
noviembre 20 de 2016
2016-11-20 04:28 p.m.
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¿Está la gente dispuesta a aceptar todo, o casi todo, con tal de pasarle una cuenta de cobro –sin contemplación alguna– a los políticos? Si la respuesta es sí, hay que aceptar que el oficio político ha entrado en un desprestigio general, cada día más universalizado, menos exclusivo de un país o una región, o de solo un partido. Afecta a todos y a todas.

La política ha perdido la credibilidad y sus representantes quieren ser pateados y escupidos por la población insatisfecha. Y los instrumentos de esa política, como los medios de comunicación, han perdido – sin que se den cuenta, o quieran hacerlo– toda capacidad para influenciar en la opinión de la gente.

Puede darse la interpretación que se quiera, pero las redes sociales han llenado ese vacío, correcta o incorrectamente, porque la gente así lo ha decidido, lo considera suyo y punto.

Ciertamente, cada caso es diferente y no se pueden comparar la decisión mayoritaria de los ciudadanos del Reino Unido, de apoyar la salida de la Unión Europea (‘Brexit’), con la de los gringos que eligieron a Trump, o la de Colombia de no avalar los acuerdos entre el gobierno y las Farc, en contravía del respaldo mayoritario de los partidos políticos tradicionales, de los medios de comunicación más importantes, y por las máquinas de la burocracia. Sin embargo, a la gente poco le importó eso y decidió, sin contemplación alguna, en un grito de independencia. Es como si se hubiera encontrado una forma de venganza silenciosa contra el querer de quienes han impuesto su voluntad a través de los años y sin los resultados esperados, en términos de bienestar.

No importa lo que digan los intelectuales, o los que hablan como estadistas, con razón o sin razón, sino lo que la gente cree, y punto. Mentira o verdad, tampoco importa, pues en el pasado solo se ha acatado la mentira de los políticos. Pero llegó el momento de parar eso, pues se cree que nada puede ser peor, o hay que probar lo otro como opción.

¿Y aquí, qué? Un campanazo fue dado el pasado 2 de octubre, aunque no ha sido el único en nuestra historia. Rafael Reyes, a comienzos del siglo pasado, luego de la Guerra de los Mil Días, hizo lo mismo; y lo que ocurrió con las elecciones de 1970 con Rojas Pinilla fue una respuesta al concubinato de liberales y conservadores que se repartieron el poder por 16 años con el Frente Nacional, dizque para acabar con la violencia que ellos mismos habían patrocinado.

Que hay políticos buenos, no hay duda, pero sin la capacidad para cerrar la puerta del cinismo en el oficio que hace creer que las divisiones nacen de las ideas, cuando la realidad es que se deben a las ambiciones y segundas intenciones, o del manejo ‘amañado’ de los recursos públicos. Por ello el descrédito generalizado en el que ha caído.

Un concejo local que le aprueba todo, sin chistar, a un soberbio alcalde gerente (caso Bogotá), un Congreso que aprueba todo, sin estudiarlo (ejemplo, el acuerdo con las Farc), y que en menos de un mes va a aprobar una reforma tributaria haciendo creer que es estructural, es abono de la filosofía de un príncipe francés, quien dijo: “si las circunstancias lo exigen, hay que cambiarlo todo para que todo siga igual”. Y esto, la gente ya no está dispuesta a aceptarlo con docilidad, como lo creen nuestros políticos.

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
mariohernandez@mariohernandez.com

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