Mario Hernández Zambrano
Columnista

Un país para reinventarse

Puede resultar ingenuo, pero las próximas elecciones podrían ser la oportunidad para conocer las propuestas que propugnen el ‘reinvento nacional’.

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
agosto 22 de 2017
2017-08-21 08:22 p.m.
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Puede que sea políticamente incorrecto decirlo, pero la decisión de Fabricato de parar la producción estaba cantada. No debe sorprender a nadie, como es más de la demagogia barata, afirmar que la situación mejorará “pues el proceso de paz está generando un nuevo clima de sosiego y tranquilidad que se traducirá en una reactivación del comercio y la industria”. Y decir lo contrario no es ser enemigo de la concordia nacional.

Lo que vive la industria textil en el país es un asunto de hace décadas, y el resultado final es su pérdida de competitividad, debido a que no se ha sometido a un proceso de transformación y modernización, el cual requiere inversión en equipos y en innovación, que no es otra cosa que la combinación de tecnología y talento.

La situación no se arregla con medidas mediáticas, que toman de vez en cuando los gobiernos luego de que protestan los empresarios, específicamente una revisión de los aranceles, es decir, el encarecimiento de los productos al consumidor y que estimulan el contrabando, pues encarece la mercancía nacional frente a la importada. Pero esa no es la solución de fondo que se necesita.

La llamada cadena productiva de la actividad, una de las más importantes, en términos de generación de valor agregado, ha perdido fuerza y capacidad; y si no se analiza integralmente, no hay solución. De nuevo, creer que si se mueven los aranceles al hilo y a los botones se sale del problema es ridículo.

La industria textil necesita reinventarse, como pasa con la mayor parte de la manufactura nacional, pero siempre teniendo presente que el objetivo es competir tanto en el mercado de exportación como con las importaciones que entran al país: Sin embargo, el asunto no se monta con subsidios del Estado a cada uno de los componentes de la cadena, porque solo conducen a la succión de rentas por quienes tienen la mayor capacidad de hacer lobby a través de los gremios y la clase política.

Por ejemplo, Suiza, Alemania y Francia son grandes productores de chocolates, cuya materia prima, el cacao, importan desde países como Costa de Marfil, Ghana, Nigeria e indonesia. Han hecho las inversiones y la innovación para que los consumidores prefieran el producto procesado. Como ese hay muchos casos en el mundo: el 90 por ciento de los contenedores que van por el globo es fabricado en China, que importa el acero y el hierro para producirlos.

Aunque reinventarse es tarea de la industria, el proceso debe extenderse a toda la vida nacional, comenzando por nuestra clase política y los gobernantes, para quienes el ejercicio de lo público debe ser prioridad, y no la satisfacción de sus intereses particulares, “la ideología del beneficio”, así haya quienes crean que los políticos son “la única clase delictiva por naturaleza”.

Puede resultar ingenuo, pero las próximas elecciones podrían ser la gran oportunidad para conocer las propuestas que propugnen el ‘reinvento nacional’, una salida para el progreso y bienestar, no más de lo mismo, con planes concretos y viables, que hasta ahora es poco lo que se nota entre la gran cantidad de aspirantes.

¡El caso de la necesaria reinvención de los gremios merece un cuento aparte!

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