Mario Hernández Zambrano

Más allá del corto plazo

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
mayo 06 de 2013
2013-05-06 11:58 p.m.
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Uno de los economistas más importantes de la historia –por su trabajo en la crisis capitalista de los años 30 del siglo pasado–, J. M. Keynes, afirmaba que lo importante es el manejo de corto plazo, porque “en el largo plazo, todos estaremos muertos”, y complementaba diciendo que “el largo plazo es la suma de los cortos plazos”.

Sin duda, esto es cierto, pero hay que saberlo interpretar, en el sentido de que hay que sobrevivir hoy como condición del mañana. Pero lo que ni Keynes ni nadie puede aceptar es la visión mediática de que asuntos como la planeación de un país, de una sociedad, o el diseño de instrumentos para manejar las políticas de una nación sean asuntos meramente mediáticos.

Desafortunadamente, en Colombia parece que hemos caído en una especie de ‘síndrome cortoplacista’, consistente en hacer leyes y expedir decretos para cada problema, sin una visión integral ni de largo plazo.

En el caso de la política, como un ejercicio democrático, esta práctica es evidente.

Aprobamos la reelección presidencial con el fin de que un mandatario ejerciera por cuatro años más. Y ahora nos parece que lo mejor es solo alargar el periodo por dos años. Independientemente de la buena voluntad y el deseo de acertar, en especial en el caso del presidente Santos, por qué no hacer una reforma política con una visión que trascienda la coyuntura.

¿Qué temas debe tener esa reforma? Sin ser experto en el asunto, los ciudadanos de a pie podemos hacer este listado.

1. Periodo presidencial de seis años o reelección, lo mismo que para gobernadores y alcaldes.

2. Extender el mecanismo de la segunda vuelta presidencial a alcaldes y gobernadores en todo el país o en las ciudades principales.

3. Requisitos para crear un partido político o para perder la personería.

4. Condiciones, derechos y deberes al obtener un aval por parte de un partido y posibilidades de hacer el llamado ‘transfuguismo’.

5.  Mecanismos expeditos para permitir la revocatoria de mandatarios que no cumplan con las promesas o que la gente considere que la situación lo amerita.

6. Papel de la Registraduría y las autoridades electorales, más allá de la contabilización de los votos.

7. Financiamiento de las campañas políticas y los aportes del sector privado.

8. ¿Quién debe juzgar a los congresistas?

9. ¿Sirven para algo las asambleas departamentales, o se deben reformar o eliminar?

10. ¿Debe paralizarse la administración pública seis meses antes de elecciones, al suspender todo tipo de operaciones por la Ley de Garantías Electorales?

Con seguridad, hay más temas que podrán incluirse en una reforma política, que puede estudiarse con juicio, e incluso comprometerse a que habría un periodo de experimentación y ajuste, para luego dejarla como pieza de la democracia no sujeta a cambios cada uno o dos años.

En el campo económico, el país tiene una relativa gran estabilidad en su manejo.

Uno de los más importantes ha sido la creación de la junta directiva del Banco de la República y su ley reglamentaria, que quizá no sea perfecta, pero si ha demostrado que el modelo es acertado. ¿Por qué no hacerlo igual en la política, la justicia y otros temas de interés nacional? ¡A lo mejor es una ingenuidad creer que se puede!

Mario Hernández

Empresario exportador

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