Mario Hernández Zambrano

Una campaña como pocas

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
mayo 23 de 2014
2014-05-23 02:36 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/05/56b4c411ec37e.png

El país está a punto de terminar una de las campañas más superficiales de los últimos tiempos, en la que las discusiones serias sobre programas no han ocupado ni un segundo plano. Han brillado por su ausencia. La comprobación de que ello ha sido así, no es nada difícil.

En 1982, se enfrentaron Belisario Betancur y Alfonso López Michelsen, quien buscaba un segundo mandato. Belisario ofreció un programa de vivienda sin cuota inicial, al que su contrincante descalificó. Así, triunfó un “Sí se puede”.

Luego, Virgilio Barco derrotó a Álvaro Gómez Hurtado en el cuatrienio siguiente. La realidad es que quien entregaba el poder, Betancur, había fracasado en las negociaciones con la guerrilla y el holocausto del Palacio de Justicia pesaba mucho sobre los conservadores.

Después, César Gaviria ganó la elección presidencial en 1990, en medio de un país en crisis. Acaba de ser asesinado Luis Carlos Galán y el narcotráfico había logrado infiltrar las estructuras políticas. El ganador recogía las banderas del caudillo inmolado.

Posteriormente, llegó Ernesto Samper, quien derrotó a Andrés Pastrana. Samper pregonaba un modelo que corrigiera las distorsiones creadas por la apertura de la economía y la gente le creyó. Sin embargo, la vinculación de dineros del narcotráfico a su campaña le abrieron las puertas a Pastrana, quién recibió una economía en quiebra, y prometió el diálogo con la guerrilla, en el cual fracasó y por, el contrario, acrecentó el poder de los alzados en armas. Pastrana logró deslegitimar políticamente a las Farc, pero estas se fortalecieron militarmente.

Álvaro Uribe Vélez llegó montado en la necesidad de recuperar la autoridad perdida y por ocho años mantuvo la coherencia en ese sentido, apoyado por sus ministros de Defensa, Martha Lucía Ramírez y Juan Manuel Santos.

Santos decidió abrir el espacio para el diálogo con la guerrilla, pero las dudas de la gente florecieron porque las experiencias pasadas no fructificaron. Hoy, promete que lo va a lograr. En el otro extremo, el candidato que sigue la línea de Uribe pregona que también quiere la paz, pero el diálogo no es el camino.

Y en esos términos, la campaña entró en un limbo en el cual nadie puede convencer lo suficiente. Entonces, la ruta escogida fue la agresión y las malas maneras. En eso se quedó.

La virulencia política en las campañas no es un asunto exclusivo de Colombia, se da en todas partes. Solo basta mirar lo que pasa en España y EE. UU., pero hay una diferencia muy grande con nuestro país: aquí se ha quedado solo en eso y no ha trascendido a los temas importantes, casi obvios, y cuyas soluciones la gente reclama.

La realidad es triste. En esta campaña presidencial no hay propuestas serias en temas como el modelo educativo que se requiere, cómo se enfrentará la crisis de la salud, qué le espera al campo -distinto a seguir aplazando la solución con entrega de subsidios-, para dónde va la justicia, qué hacer con la corrupción y con el centralismo agobiante que ha vuelto.

Sin embargo, la presión de los ciudadanos hacia los dirigentes debe ser grande y la única forma de ejercerla es votando. Demostrando que no es indiferente, así no se espere mucho para los próximos cuatro años.

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
presidencia@mariohernandez.com

 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado