Mario Hernández Zambrano

Los economistas y la devaluación

Mario Hernández Zambrano
Opinión
POR:
Mario Hernández Zambrano
marzo 18 de 2015
2015-03-18 02:41 a.m.
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Le tengo un gran respeto a los economistas, así muchas veces no entienda su jerga docta, esotérica, pretenciosa, en algunos (muchos) casos, y contradictoria en el tiempo, que ellos con gran astucia definen como “corto, mediano y largo plazo”.

Así, justifican con datos y estudios el por qué de algo que no se cumple. Como en todas las profesiones, encabezan, con los médicos y los abogados, el escalafón de los chistes, unos más duros que otros. Y este, publicado en BBC Mundo, me parece que los define, sin agredirlos: “un economista es un experto que sabrá mañana por qué las cosas que predijo ayer no sucedieron hoy”.

A comienzos del 2014, cuando estaban haciendo las predicciones, nadie (ni los sabios de Davos) previeron lo que meses después iba a ocurrir con los precios del petróleo, como tampoco a los políticos se les ocurrió lo de Ucrania o la arremetida musulmana. Así es que no hay que ser injustos con los economistas, aunque la máxima instancia para los ortodoxos no quede bien parada: de 134 crisis y recesiones en el mundo en desarrollo entre 1991 y el 2001, el Fondo Monetario Internacional solo predijo 15.

En el caso colombiano, el desaforado aumento en el precio del dólar no estaba en la agenda de nadie, ni siquiera cuando comenzó a caer la cotización del petróleo, a mediados del año pasado, así ahora se tengan todas las explicaciones, unas más sensatas que otras, pero lo que no se puede afirmar, sin sonrojarse, es que un aumento de más del 25 por ciento en el precio de la divisa no tiene consecuencias distintas a la de poner contentos a los exportadores criollos.

Sencillamente, no es cierto y no se necesita ser economista para comprobar lo contrario en lo evidente: los precios de muchos productos al consumidor tienen que subir porque son importados o utilizan insumos traídos de afuera, quien tiene deudas con el exterior debe pagar más caro cuando amortiza, los viajeros ven aumentar pasajes y hoteles y el Gobierno debe pagar más intereses en pesos por su deuda externa.

En la teoría, no necesariamente en la práctica, una mayor devaluación de la moneda estimula las exportaciones de productos colombianos, pero su reacción no es inmediata y tiene unos prerrequisitos que deben cumplirse para hacerse efectiva esa mayor competividad, el primero de los cuales es que el valor agregado de la exportación vaya más allá que la diferencia entre la materia prima importada y el precio de venta del producto procesado. En otras palabras, que haya un aumento en la productividad interna, que se desarrollen materias primas locales que sustituyan a las importadas y se haga un gran esfuerzo en calidad y en bajar los costos de producción.

En esos términos, si no se hacen los ajustes, la sola mayor devaluación no sirve para nada y puede que les traiga alegría a unos exportadores que ganan más plata de forma momentánea, pero el país puede salir perjudicado porque, en el fondo, mayor depreciación de la moneda es sinónimo de que algo no está funcionando en la economía, y de empobrecimiento. La innovación, la modernización tecnológica y de procesos de producción son condiciones para que el país mejore.

No hay que olvidar otra máxima: ‘en economía no hay almuerzo gratis’, que aplicada al caso no es otra cosa que reconocer que por sí sola la devaluación no es una bendición.

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
mariohernandez@mariohernandez.com
 

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