Mario Hernández Zambrano

Frente Nacional

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
diciembre 10 de 2013
2013-12-10 03:56 a.m.
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A finales de los años cincuenta del siglo pasado, los partidos Liberal y Conservador hicieron un acuerdo que plasmaron Alberto Lleras y Laureano Gómez con la idea de acabar la confrontación política, a través del cual los dos partidos se alternaban el poder del Estado durante 16 años, incluyendo todos los mecanismos de control y de justicia.

Ese pacto garantizaba que así no estuviera arriba en la presidencia un liberal, ese partido disfrutaba las ‘mieles’ de la burocracia, casi en una proporción igualitaria al Conservador.

La discusión sobre la conveniencia del modelo ideado ha sido objeto de mucha controversia, y no es el caso entrar aquí a discutir si sirvió o no, pero lo que sí es cierto es que impuso en nuestro país unas costumbres que parecen no haberse erradicado, luego de que en 1974 se acabara esa alternación, de las cuales la principal fue terminar con el principio de la necesaria oposición que debe tener todo gobierno, y más bien de de quien gana la presidencia busca la forma de hacer pactos para evitar tener oposición durante su mandato.

Los partidos que firman esos acuerdos dejan de ejercer el control al Gobierno y entran en una especie de ‘manguala’, pues su doctrina queda de lado para sobrevivir con facilidad, teniendo una tajada de la ahora llamada mermelada del Gobierno de turno.

En los términos anteriores, la gente se sorprende a diario con los pronunciamientos y actitudes de algunos dirigentes sobre asuntos del Gobierno, quienes salen a respaldar, sin ningún criterio ni fondo, asuntos de Estado, y una requisa a elementos encuentra que la explicación no es otra que hacer parte de la coalición del Gobierno. De esta forma, buena parte de la evaluación de la gestión de un gobierno queda en el aire.

La situación del Congreso de la República es dramática en este sentido. La mediocridad de los debates es total y el control político, virtualmente, ha desaparecido. A los parlamentarios les da temor hacerlo porque pueden perder las cuotas, y si alguien de los pocos que no están en la ‘trinca’ pretende hacerlo, sencillamente es objeto de bloqueo.

En buena parte, eso explica el por qué no han pasado en el Congreso reformas de gran importancia para el país -como el presupuesto nacional- y el debate a asuntos queda en el camino o sencillamente se aprueban los proyectos del Gobierno sin mayor análisis. Por esa ‘manguala’ se hundió la reforma a la justicia, se truncó la reforma a la educación y llevamos más de ocho años buscando hacer cambios al régimen de salud.

Adenda: la destitución del alcalde Petro se veía venir. Es el momento de que los bogotanos recuperemos nuestra ciudad. Bogotá necesita un gerente, necesita un alcalde que sepa gobernar y les devuelva la confianza a los capitalinos. Enrique Peñalosa y Jaime Castro tienen la oportunidad de sacar la capital del país adelante.

Mario Hernández Zambrano

Empresario exportador

presidencia@mariohernandez.com

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