Mario Hernández Zambrano

La izquierda, que siga con discursos

Mario Hernández Zambrano
Opinión
POR:
Mario Hernández Zambrano
octubre 28 de 2015
2015-10-28 03:11 a.m.
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Pasada la jornada electoral, los politólogos expertos tienen suficiente material para realizar evaluaciones de todo tipo, por lo general distintas a las simples que hace la gente del común, que es la que sufre los problemas diarios de inseguridad callejera, ineficiente movilidad y transporte, deficiente prestación de servicios públicos y la corrupción pública.

En general, me refiero a las distintas regiones del país, pero en particular a la situación de Bogotá, en la que, desafortunadamente, la apatía sigue predominando de forma mayoritaria, pues la abstención ronda el 50 por ciento, tendencia histórica preocupante que no cambia y no tiene explicación por la supuesta indignación de la gente con lo que está sucediendo.

De cualquier manera, al menos en esta oportunidad parece darse en la capital del país ciertas tendencias que merece reseñar.

La primera es el voto castigo que la gente le dio a la izquierda por sus malas administraciones, su improvisación, inacción frente a los problemas de la ciudad y su aire confrontacional con los demás estamentos públicos y privados, en particular en el caso de Petro. Los platos rotos los pagó la candidata de la izquierda, quien, aunque seria, no logró desprenderse de ese estigma que los electores no querían que siguiera, luego de 12 años de mandato. La izquierda puede ser importante para los debates en los órganos legislativos y seguramente para ayudar en el posconflicto, pero para manejar una administración es mediocre, pues se necesita mucho más que el discurso.

Aunque me hubiera gustado que Rafael Pardo triunfara, la llegada de Enrique Peñalosa a la Alcaldía de Bogotá le debe dar un nuevo aire a la metrópoli y sacarla de ese letargo en la que se encuentra. Ya había comprobado en su primer mandato su capacidad para gerenciar un proceso que habían sembrado sus antecesores Jaime Castro y Antanas Mockus. Ahora que los tres se unieron en la campaña, le gente le dio su respaldo por esos antecedentes.

La expectativa por lo que pueda hacer la nuevo gobierno bogotano es grande, y con seguridad contará con el apoyo de la nada fácil clase política que seguirá manejando el Concejo. Esta es una realidad que no se puede desconocer y que el Alcalde deberá saber llevar, contrario a la administración saliente, que mantuvo un esquema de pugna durante los cuatro años. Lástima que no hubiera llegado al Concejo Silverio Gómez, garantía de conocimiento y estudio de los problemas económicos y sociales del país y de la ciudad.

Bogotá no es todo, pero no hay que engañarse, en el entendido de que si a la capital le va bien, a Colombia le va bien, pues es referente nacional y muchas regiones viven del gran mercado de esta metrópoli. Las cifras de la ciudad son, de lejos, las más importantes, y ni siquiera uniendo a las otras cuatro grandes urbes se alcanza a equiparar con el poder bogotano.

Nuestra democracia no es perfecta, pero hemos avanzado frente al pasado. La tranquilidad en la que transcurrieron los comicios es un buen síntoma, aunque las prácticas de corrupción y ‘chorros’ de dinero en distintas zonas del país, producen tristeza y rabia. En esto, a los partidos políticos les queda mucho por revisar, comenzando por sus principios éticos y morales, como condición para que la gente crea en el ejercicio del manejo de los asuntos públicos, la mejor definición de política.

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
mariohernandez@mariohernandez.com
 

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