Mario Hernández Zambrano

Mucha macro y poca micro

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
agosto 21 de 2012
2012-08-21 11:48 p.m.
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Alemania es el centro industrial de Europa, la tercera economía del mundo y la que sostiene a Europa en esta crisis.

Su tasa de desempleo apenas se ha movido en la peor recesión de los últimos 60 años. ¿A qué se debe ese poderío?

No es propiamente por el número de horas trabajadas o la cantidad de tiempo de clase de los estudiantes.

Es para sorprenderse: es uno de los países de Europa con menos horas de trabajo y donde los niños pasan menos tiempo en la escuela.

Un trabajador alemán labora 1.410 horas al año, contra 1.690 en España, 1.774 en Italia, 1.981 en Rusia, 2.047 en Chile, y 2.490 en Colombia.

Y un niño alemán estudia una cuarta parte menos de tiempo para estar en la casa con su familia.

Ambas comparaciones sorprenden y comprueban que el asunto no es trabajar más tiempo o estudiar más horas para hacer más o menos próspera una sociedad, y el ejemplo desvirtúa la afirmación simple de que el estado de bienestar es el responsable de lo que está viviendo el Viejo Continente, o al menos no rige para ese país.

Hay muchas razones que explican la situación, como que los niveles de deuda de las empresas y personas es relativamente bajo en medio de una concepción de austeridad que no se aplicó ni en el resto de Europa ni en Estados Unidos, países que se dejaron encantar con las bajas tasas de interés.

A un alemán le produce incomodidad deber dinero y prefiere vivir con lo que tiene.

Pero la concepción del trabajo y el estudio de los germanos explica en buena parte su éxito. Quizá por lo que les dejó la guerra, se ha creado un vínculo especial entre trabajadores y empresas que no existe en otras partes del mundo. La gente ve normal trabajar menos horas con tal de tener un empleo.

Y la formación académica, desde que el niño arranca, es especial.

En casi todo el país, las clases terminan a la hora del almuerzo para que los infantes puedan pasar más tiempo con el cariño de su familia.

En la secundaria dieron una gran salto: más de la mitad de los estudiantes de los últimos años de secundaria hacen pasantías y entrenamiento en empresas, lo que les permite, desde muy jóvenes, saber cómo es la vida práctica, cosa que en muchas partes, incluyendo a Colombia, no es bien visto.

Esos muchachos que pasan más tiempo en el trabajo que en el colegio tienen casi garantizado un empleo.

Esta es, de pronto, la diferencia más grande con nuestro sistema de educación. Aquí hay una gran formación, pero prevalece de lejos la teoría sobre la práctica, la macro sobre la micro, el discurso sobre la realidad, y así se opera en la vida profesional.

Allá, desde temprano se ‘fabrican’ trabajadores calificados para llenar las necesidades de las empresas del país.

Ese modelo macro y generalista también opera en nuestro país cuando se habla del sector público. Somos expertos en explicar los modelos en asuntos de primer orden, como las concesiones viales, el comercio exterior y el desarrollo agrícola o industrial, pero en la vida real no logramos que funcione: las carreteras quedan mal o se demoran demasiado, seguimos exportando lo mismo de hace tres décadas y el agro no se moderniza. Mucha macro y poca micro.

Mario Hernández

Empresario exportador

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