Mario Hernández Zambrano

La mediocridad de la campaña

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
febrero 11 de 2014
2014-02-11 12:20 a.m.
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La economía colombiana va por buen camino, aunque sin caer de tanto optimismo como algunos lo quieren hacer aparecer, al tomar como medida de comparación lo que está ocurriendo en nuestra querida Venezuela, en donde los problemas de inflación, escasez de alimentos y desconfianza aparecen cada día con mayor preocupación. No quisiéramos que en el vecino pasara, pero la realidad es así.

Ciertamente, cuando los problemas de empleo, inflación, recesión e impuestos están presentes, la gente reclama de sus dirigentes propuestas concretas para favorecerlos con su voto. Y aquí tenemos la inflación en un nivel bajo, la tasa de desempleo está en descenso evidente, el precio del dólar se ha recuperado y se tienen unas finanzas relativamente sanas, lo cual llevaría a pensar que esos reclamos no tienen mucha validez. Puede que sea así, pero lo que no tenemos en cuenta es que en todo el mundo esos fenómenos están más o menos controlados, en casi todo el mundo, menos en Argentina y Venezuela.

Sin embargo, lo que sí es triste y preocupante es el nivel de la campaña electoral que se está viviendo en Colombia, en particular para las elecciones que se realizarán en un mes para escoger a los miembros del Senado y la Cámara de Representantes.

Hay que decir la verdad. Es lamentable y mediocre el debate parlamentario: no se escucha una propuesta concreta en favor de las regiones que dicen representarán en el parlamento o, en el caso del Senado, ideas del orden nacional, en el entendido que su circunscripción lo determina así. Solo basta hacer un recorrido mínimo por las carreteras del país y las calles de las ciudades para notar un despliegue de dinero en vallas y afiches con la imagen física de los aspirantes, pero sin nada de fondo, más allá de frases sueltas y llenas de generalidades y lugares comunes: apoyo a la paz, al Gobierno o destacar el grupo al cual pertenecen. Esto solo demuestra que lo importante está siendo el dinero para la publicidad, antes que las ideas que motiven a los potenciales electores. Y de ese modelo no se escapa nadie.

No es nostalgia, pero hoy la situación es peor que antes, cuando debería ocurrir lo contrario, ya que se supone que el país es más ilustrado que en el pasado y tanto los aspirantes como los electores tienen más conciencia. A lo mejor, pensarlo así es una muestra de ingenuidad.

No hay duda de que Colombia requiere una sacudida en este tema, pues no solo los jóvenes, sino también los viejos, necesitan creer que los congresistas representan sus intereses y no tienen como objetivo vivir de la política, manejar dudosamente los recursos del Estado y, a lo mejor, apropiarse de una parte de ellos.

En ese mismo orden de ideas, no parece muy claro que los ministros estén recorriendo el país a menos de un mes de las elecciones parlamentarias, haciendo reuniones con distintos sectores y, a la par, algunos funcionarios, con papel en mano, anotando promesas. Al menos sería bueno que ese necesario ‘contacto’ con las comunidades de distintas regiones lo hicieran después o en tiempo no electoral. No hay que dejar que la suspicacia sea la constante.

Mario Hernández

Empresario exportador

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