Mario Hernández Zambrano

¿Quién podrá defendernos?

Mario Hernández Zambrano
Opinión
POR:
Mario Hernández Zambrano
febrero 11 de 2016
2016-02-11 07:11 a.m.
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Directo al grano: cuando en una empresa privada el gerente no da los resultados esperados a sus accionistas, se va. Incluso él no se aferra a la silla porque entiende que por distintas razones no alcanzó el objetivo para el cual llegó. Y en caso de comprobarse malos manejos, debe entenderse con las autoridades. ¿Por qué esa filosofía? No es porque las compañías sean desalmadas o estén impregnadas de capitalismo salvaje. Es más sencillo: tienen dolientes, y los errores cuestan. Si no se toman los correctivos, queda solo un camino: la quiebra.

Cuánto les gustaría a los ciudadanos que al menos una parte de esa filosofía se aplicara en el sector público y a los gerentes que deben responder por los recursos que, con tanto esfuerzo y buena voluntad, aportan los contribuyentes. Triste reconocerlo, pero poco o nada les interesa a los ejecutivos y funcionarios de primer nivel. Y no hay quién los evalúe, controle y haga seguimiento.

Lo que pasó en Reficar no solo es increíble, sino produce rabia: no puede ser que haya un desfase en el presupuesto de un proyecto de más del 130 por ciento y nadie haya dicho nada, ni la gerencia, ni la junta directiva de la compañía, como tampoco los directivos de la empresa dueña. Simplemente, como la plata no es mía ni la puse yo, poco me interesa su destino. No es que los responsables se hayan robado el dinero, sino que fueron negligentes en la planeación y toma de decisiones.

Pero no es solo la refinería. Los datos muestran que, en 20 años, el departamento de La Guajira ha recibido más de 8 billones de pesos en regalías y transferencias desde el Gobierno Central y los resultados de la gestión son malísimos: pobreza en 90 por ciento, no hay servicios públicos y los niños se mueren por desnutrición. ¿Culpa de quién? Primero, de los administradores locales (gobernadores y alcaldes), pero el Gobierno Nacional (llámese Planeación, Hacienda, Transporte, Salud) no ha hecho bien la tarea para garantizar que los dineros públicos se utilicen adecuadamente. Y tampoco los organismos de control (Contraloría y Pocuraduría) han puesto velas en el asunto. Hay esfuerzos de algunas autoridades, se nombran consejeros con buenas intenciones, pero el mal manejo de los recursos públicos (incluyendo corrupción), es cada día más protuberante.

La lista sigue: Caprecom, o Saludcoop, que estuvo en manos del Gobierno por 5 años y luego se decidió liquidarla, y aunque es claro que el problema lleva mucho tiempo (ISS, Caja Agraria, Inurbe e ICT, BCH, entre otras), ni en ese entonces ni ahora se ha hecho mayor cosa para enfrentarlo. Los gerentes públicos se aferran a los puestos porque saben que si actúan mal, nadie les pasa la cuenta de cobro, pues, triste, pero el establecimiento político también se beneficia del sainete nacional. Los malos administradores heredan el manejo político.

Y el camino que se ha escogido para hacerle frente al problema tiene una dosis de cinismo: existe un hueco fiscal y, entonces, hay que subir las cargas tributarias, poner sobretasas a la energía eléctrica, revisar los avalúos de los carros viejos y aumentar peajes y tarifas por encima de la inflación, pero nadie se pone en la tarea de hacer bien las cosas y proteger los intereses de la gente y castigar a quienes la embarren. Y sigue la francachela, sin que le duela a nadie. Y aclaro: no se desconoce que hay problemas por efecto de la caída de los precios del petróleo.

¡Así comenzaron Venezuela y Argentina!

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