Mario Hernández Zambrano

La política vista con sentido común

Los próximos meses serán definitivos en el debate político en Colombia, y la gente tendrá la oportunidad de comparar ideas y decidir.

Mario Hernández Zambrano
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Mario Hernández Zambrano
febrero 05 de 2013
2013-02-05 11:21 p.m.
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El debate político en el país ha entrado en etapa de agitación por cuenta de una confrontación ideológica en la que el Gobierno de Juan Manuel Santos y el de su antecesor Álvaro Uribe, son los principales protagonistas. El rumbo y futuro en los próximos años estarán marcados por esa polémica.

Para algunos, la controversia entre Santos y Uribe resulta inconveniente y es dañina para el país, porque que envía señales equivocadas a la opinión pública y puede generar expectativas de incertidumbre sobre los agentes económicos y sociales. Bajo esta premisa, consideran que el debate entre ambos es inútil y estéril, y dejará secuelas que no beneficiarán al sistema democrático.

La realidad es que, como pocas veces, hay que reconocer que en esta oportunidad hay claras diferencias en la concepción política integral y estructural del Estado entre los dos mandatarios, que trascienden a la coyuntura electoral o la mera repartición burocrática que nos dejó modelos como el Frente Nacional de finales de los años 50, cuando los dos partidos tradicionales decidieron alternarse en el poder por 16 años. Ese esquema sí dejó secuelas que aún siguen vigentes o aparecen periódicamente a través de negociaciones o pactos entre los poderes públicos o grupos políticos en el Congreso.

Así, los debates en el parlamento sobre asuntos de interés nacional son cosa del pasado, y la aprobación de proyectos de ley de gran trascendencia pasan sin pena ni gloria. Lo que ocurrió con la fallida reforma a la justicia y la superficialidad con que se trató la reforma tributaria, son demostraciones de ese letargo, que sí resulta cada vez más perjudicial para el país.

¿Y será que ahora con la decisión de Uribe de lanzar su propio movimiento las cosas van a cambiar? No necesariamente es una garantía, pero, sin duda, será el comienzo. Solo basta mirar lo que sucede en EE. UU. y España, dos casos elocuentes, que nos sirven de ejemplo.

En EE. UU., el presidente es demócrata, pero las mayorías en el Congreso, en particular en la Cámara, la tienen los republicanos. El Ejecutivo debe hacer un gran esfuerzo para lograr sacar adelante proyectos vitales para el país y convencer a la oposición de que sus propuestas son las mejores para la nación. El debate es abierto y transparente. En España, la situación es similar. Si los socialistas están arriba, los populares son los veedores del manejo del Estado y en los contradictores de las políticas. Y cuando gobiernan los populares, los socialistas pasan a la oposición abierta y sin pactos secretos.

¿Por qué en Colombia no puede ocurrir lo mismo? Sin duda, que si Uribe alcanza una fuerza importante en el Congreso, gana el país en sus distintos estamentos. Los aspirantes a ocupar las curules deberán hacer un mayor esfuerzo para ganarse el favor de los electores, y al Ejecutivo y sus ministros les tocará hacer lo mejor, así volverá el control político desde el Congreso, acción que se necesita urgentemente en el país.

Los próximos meses serán definitivos en el debate político en Colombia y la gente tendrá la oportunidad de comparar ideas y decidir. Eso se llama modernidad y cultura de las costumbres políticas. Todos ganamos.

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