Mario Hernández Zambrano

Poca representatividad

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
septiembre 11 de 2013
2013-09-11 02:28 a.m.
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La situación que están viviendo hoy los campesinos, cuya reacción ha sorprendido a todos, incluyendo al Gobierno, ha demostrado la poca representatividad que tienen los gremios y la clase política en la defensa de los colombianos del común; sigue siendo la misma de hace muchos años.

Todavía recuerdo como si fuera ayer, cuando tenía 12 años y bajaba a la finca de la tía Paca, en Capitanejo. Una caja con tomate se vendía a los intermediarios en un 1 peso, cuando el solo empaque valía eso, lo cual en mi mente de niño me parecía inaudito, y pensaba que si pagaban lo mismo por la caja llena o vacía, pues resultaba claro que el negocio no estaba en los tomates, sino a lo mejor en vender cajas.

Ante la situación, le propuse a la familia que hiciéramos nosotros mismos el trabajo de llevar el producto a la plaza de mercado. Lo hicimos y el resultado fue que vendíamos el tomate a 10 pesos. Ante los resultados, hicimos lo mismo con otros productos. Solo debíamos madrugar e informarnos de la operación del mercado.

Más recientemente, el caso que conocí fue el de los cerdos. Un kilo en pie tenía un precio de 2.500 pesos al productor, cuando en el supermercado se vendía en 12.000 pesos. Un animal de cinco arrobas, peso alcanzado en cinco meses, se entregaba al frigorífico en 151.000 pesos, cuando por semana se gastaba 5.000 pesos en solo alimento, o sea 100 mil en comida y 30.000 pesos en otros gastos, incluyendo veterinario y medicina. El productor que asumía todo el resto se ganaba 14 por ciento, mientras en términos simples, una venta al consumidor de unos 400.000 distribuía en la cadena de comercialización una utilidad de más del 150 por ciento. Para completar, el productor recibía su pago a los 30 días, pero debía pagar de contado el alimento. Hoy al agricultor le pagan 30.000 pesos por una carga de papa, y quien quiera puede hacer el ejercicio para comprobar la diferencia tan grande frente a lo que paga el consumidor en el supermercado.

En nuestro país, el campesino está abandonado a su suerte, en términos de oportunidades de comercializar sus productos. No tiene otra opción que entregarse a los que manejan ese mercado, so pena de quedarse con su producido y su pequeño negocio está sujeto a los vaivenes de los precios.

¿Cuál es la diferencia con otras partes? En Estados Unidos existe un modelo de sustentación de precios al productor del campo, que implica que el Estado le garantiza un precio básico para su cosecha y si el mercado le ofrece algo mejor, él toma la decisión más racional. Con el precio del Estado se garantiza su supervivencia, pero además hay subsidios de distintos tipos para el campo. Lo mismo pasa en Europa.

Sin duda, los mecanismos de comercialización en el caso agropecuario deben ser revisados en el país, explorando opciones como la asociatividad que funciona en casos como la leche, a través de cooperativas como Colanta, que además es modelo de exportación hacia Venezuela.

Nadie plantea el retorno a esquemas como el Inas o el Idema, que hicieron crisis por entregarle su manejo a los políticos, a quienes les interesaba más hacer fiestas en el campo para ganar votos o construir clubes campestres, que velar por los intereses de los campesinos. Pero es urgente actuar en el tema para que no se nos acabe el campo, sin el cual no hay posibilidades reales de paz.

Mario Hernández Zambrano

Empresario exportador

presidencia@mariohernandez.com

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