Mario Hernández Zambrano

El resurgimiento de la fe

Mario Hernández Zambrano
Opinión
POR:
Mario Hernández Zambrano
abril 04 de 2013
2013-04-04 06:22 a.m.
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En cualquier sistema económico, pero en particular en el capitalismo, la ley del mercado es inflexible: sino hay mercado, no hay ingresos, y el paso siguiente es la quiebra de las empresas. Se aplica tanto a las grandes como a las pequeñas.

Podría pensarse que eso es lo que está pasando con las iglesias: como los fieles se están yendo, los ingresos se están cayendo, y es muy difícil sostener la misión evangélica que necesita dinero para sobrevivir. Así no se pueda asemejar a un negocio privado, requiere del mercadeo, de una buena administración, de una eficiente gerencia y mucho trabajo.

En Alemania, por ejemplo, la Iglesia Evangélica anuncia la venta de unos 170 templos y casas parroquiales, y 140 lotes de terreno. En los últimos 20 años, clausuró 340 templos, y es muy posible que otros 1.000 tengan que ser cerrados en las próximas dos décadas. Motivo: entre 120.000 y 150.000 personas abandonan la iglesia cada año.

La Iglesia Católica no escapa de la situación. Según la Conferencia Episcopal alemana, 126.000 personas abandonaron en el 2011 la Iglesia, lo que obligó a los obispos a cerrar más de 400 templos, y en la próxima década se estima que unas 700 templos dejarán de ser utilizadas para celebrar la misa. Seguramente, serán vendidas al mejor postor

En estos términos, no es nada fácil el trabajo que deberá hacer el papa Francisco, si quiere el resurgimiento de la fe y recuperar la feligresía, cansada y apática, por las razones que sean. Es lo que se llama reinventarse sin perder la esencia.

Es muy prematuro todavía para decir que el Papa latino va a cambiar cosas que permitan la modernización de la Iglesia, pero sus primeras acciones han sorprendido, asimilando su trabajo a la gerencia de una compañía, que aunque no se mueve con el ánimo de lucro, sí debe responder por el sostenimiento de una infraestructura que no es, propiamente, barata, y de un poder que representa a un Estado que tiene 1.300 millones de seguidores.

El Papa ha impactado con su estilo propio, asimilable a un buen gerente: trabaja en equipo, no le echa la culpa a sus antecesores, por el contrario, requiere de su asesoría, se acerca a sus fieles pidiéndole su ayuda, quiere innovar, tiene agenda propia y busca que los prelados salgan a la calle, que no se queden solamente en los templos. (‘Se unta de pueblo’, se dice de los políticos, o se ‘remanga’, en el caso de las empresas). Menos teoría y discurso y más práctica en el campo.

Jorge Mario Bergoglio solo lleva dos semanas al frente de la Iglesia Católica y está muy preocupado de la manera como va a conformar su equipo de trabajo, al igual que lo hace un buen administrador cuando toma las riendas del negocio.

La innovación y estilo del Papa sorprenden. El Jueves Santo fue a una cárcel de Roma para celebrar la misa y lavó los pies de 12 presos, como lo hizo Jesús con los apóstoles. Eso nunca había visto, y es una demostración de que quiere acercarse a la gente, condición básica para que cumpla su cometido. ¡Necesaria reinvención, y que Dios lo ayude!

Mario Hernández Z.

Empresario exportador

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