Mario Hernández Zambrano

Una Venezuela para pensar

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
octubre 15 de 2013
2013-10-15 12:30 a.m.
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La crítica situación de Venezuela no se mide por su bajo crecimiento económico esperado para el 2013 –menos del 1 por ciento– o por ser con Zimbabwe los países con mayor inflación del mundo, que increíblemente ronda el 40 por ciento al año.

Los dos problemas tienen que ver con el manejo de la política económica de corto plazo, y pueden ser superados en el mediano plazo, siempre y cuando haya juicio.

La verdadera dimensión de la lamentable situación es la expresión de bancarrota que se vive en el vecino país, al no tener divisas para atender los pagos por las importaciones básicas que necesita la gente. Mientras Colombia cuenta con divisas para pagar siete u ocho meses de importaciones, Venezuela solo tiene para una semana.

Resulta increíble que esto esté ocurriendo en una economía petrolera que vende casi 90.000 millones de dólares al año y que tiene reservas de crudo para los próximos 150 años.

Es explicable, porque hay una fuga de capitales y un aparato productivo desbaratado, fenómenos que se concretan en una tasa de cambio paralela de 7 u 8 veces la tasa oficial, y en que por la ‘enfermedad holandesa’ se vive de comprar en el exterior, tema este último que no es nuevo, sino que viene de atrás, cuando los venezolanos se ufanaban de ser el país con el mayor consumo per cápita de whisky, solo comparado con el récord de Rusia en vodka.

Las exportaciones de Colombia a Venezuela, que parecían volverse a recuperar después de varios años de caída, parecen retornar a un estancamiento. A agosto del 2013, ascendieron a 1.450 millones de dólares, 300 millones menos que el año pasado, muy lejos de los registros históricos de mediados de la década pasada.

Es evidente y claro que entre los empresarios colombianos haya un gran nerviosismo por la situación, en particular por la imposibilidad de que se les paguen sus ventas o que quienes están allá no puedan sacar los dólares como ocurre en cualquier parte del mundo.

Ante esa situación, la presión sobre el precio del dólar es muy alta y no valen anuncios represivos por parte de las autoridades. Sencillamente, son las expectativas, que para bien o para mal, hoy juegan un papel de primer orden.

No hay que olvidar que una quiebra de Venezuela le pegaría muy duro a Colombia, y en ese sentido ni el Gobierno ni los empresarios de aquí pueden ser indiferentes sobre lo que está pasando allá, pero las autoridades de acá deben ser muy proactivas y apoyar a los empresarios para evitarles un ‘salto mortal’.

El esquema del pago en bonos es solo un comienzo que debe ser patentado y respaldado, pues de lo contrario la negociación con descuento puede ser dañina y muy poco rentable.

Venezuela es y seguirá siendo importante para Colombia, pues una gran parte –al rededor del 15 por ciento– de las exportaciones no tradicionales va a ese mercado, pese a las dificultades y, en consecuencia, además de caminar con suma prudencia y medir el riesgo, se debe pensar en la manera como se aplica la máxima de que la crisis abre oportunidades.
Mario Hernández Z.
Empresario exportador
presidencia@mariohernandez.com

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