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Desde hace meses los conocedores del tema pronosticaban que se iba a llegar a un récord, aunque no era claro a cuánto ascendería.
Dicha incógnita fue resuelta ayer por la Comisión para América Latina y el Caribe, Cepal, al informar que los flujos de Inversión Extranjera Directa en la región ascendieron, durante el 2011, a un nivel sin precedentes de 153.448 millones de dólares.
La suma no es de poca monta. Para comenzar, representa el 2,8 por ciento del Producto Interno Bruto latinoamericano y equivale a dos veces y media lo que se recibe por concepto de las remesas que envían los emigrantes. Además, en el contexto global asciende a un 10 por ciento de los giros por este concepto. No obstante, mientras en el planeta dicho incremento fue del 17 por ciento, en el caso regional el salto fue del 31 por ciento.
Lo anterior quiere decir que esta parte del mundo se ha vuelto cada vez más atractiva para el capital foráneo.
Las causas son varias e incluyen una mayor estabilidad económica, perspectivas atractivas en lo que hace al consumo interno y reglas de juego estables, así el reciente caso de Argentina y la nacionalización de las acciones de la española Repsol en YPF sugiera lo contrario.
Una mención especial merece el hecho de que al sur del río Grande existen vastos yacimientos de minerales e hidrocarburos, al igual que extensas extensiones de tierra aptas para cultivar alimentos.
Debido a esa circunstancia, una proporción cada vez más grande de los recursos se destina a la explotación de recursos naturales -particularmente en América del Sur-, mientras manufacturas y servicios han perdido terreno.
En cuanto a los destinos es explicable que Brasil -que es la sexta economía de mayor tamaño en La Tierra- reciba un 44 por ciento del monto referido. Bastante más atrás se encuentra México, en tanto que Chile y Colombia ocuparon los puestos tercero y cuarto, respectivamente. Al mismo tiempo, y en relación con el tamaño de su economía, la suma ingresada por Uruguay, Costa Rica y Perú también fue destacable.
La fuente principal de los dineros usados en la región fue la reinversión de utilidades, lo cual hace pensar que las perspectivas de las firmas que operan en ella son positivas. No obstante, en forma paralela ha subido la repatriación de las ganancias obtenidas, que el año pasado estuvo por encima de los 80.000 millones de dólares. Lo sucedido sirve para recordar que el capital que entra tiene ánimo de lucro y que lo que por agua llega, en giros se va.
Las cuentas de la Cepal señalan igualmente algo importante.
Aun en medio de sus dificultades Europa es un inversionista importante, que aportó el 40 por ciento de la suma recibida desde comienzos del presente siglo. Una porción elevada de ese total se concentró en banca y energía eléctrica, aunque también se ha dispersado en múltiples sectores.
Por otra parte, vale la pena tener en cuenta que las empresas de la región no son pasivas en esta materia.
Puesto de otra manera, las llamadas ‘multilatinas’ siguen de compras y el año pasado hicieron adquisiciones por 22.605 millones de dólares.
En este caso las empresas chilenas fueron las más activas, seguidas por las de México y Colombia, con transacciones por 8.289 millones de dólares.
Hacia adelante, la expectativa de la Cepal es que la Inversión Extranjera Directa se mantenga en niveles altos.
Aunque la crisis en el Viejo Continente puede causar algunos tropiezos, existe la percepción de que Asia puede ganar terreno como fuente de recursos.
En cualquier caso, está la preocupación de que lo que arriba con destino a los ramos de alta tecnología es escaso.
De tal manera, el desafío es que la torta se reparta mejor y que no todo se quede en el segmento de recursos naturales, lo cual exige políticas más efectivas para garantizar que, junto con el dinero, también aparezca la debida transferencia de conocimientos.
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