Mauricio Cabrera Galvis
columnista

Aranceles, inflación y déficit

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
marzo 14 de 2016
2016-03-14 07:54 p.m.
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El más reciente argumento para reforzar las propuestas de reducción de aranceles de los apóstoles de la apertura hacia adentro, es que esta medida ayudaría a controlar la inflación. En particular, se refieren a los aranceles de productos agrícolas, y ya lograron que el gobierno les hiciera caso con la eliminación de los aranceles para la lenteja, fríjol, ajo y aceites comestibles.

El argumento es atractivo, sobre todo en momentos en que el aumento anual de los precios de los alimentos es cercano al 12%, pero es cuestionable la relación costo/beneficio de ese tipo de medidas, que, además muestran el claro sesgo ideológico de sus proponentes.

El beneficio de bajar aranceles a algunos productos agrícolas para controlar la inflación es mínimo por la baja contribución de estos a la variación del IPC, pues son otros los artículos que más están contribuyendo al aumento de los precios de los alimentos como cereales, hortalizas, frutas y carne. Además, en el caso de los aceites, la baja del costo de la materia prima importada no garantiza que se baje el valor al consumidor, ya que lo que puede suceder es que aumenten las utilidades de la industria procesadora. Por el contrario, el costo es grande por el perjuicio que causa no solo a los agricultores nacionales, que van a ver reducidos sus ingresos en cuantías importantes, sino a las mismas políticas oficiales, pues se desestimulan las nuevas siembras de esos productos en contravía de importantes iniciativas como ‘Colombia Siembra’.

Es un error querer resolver problemas coyunturales y transitorios (como la inflación causada por ‘El Niño’ y la devaluación del peso) con medidas estructurales y de impacto en el largo plazo, como la reducción de aranceles. Sería correcto tener un arancel flexible que compense el impacto de la tasa de cambio sobre los precios de los productos importados, pero el sesgo de la medida actual es que cuando el dólar estaba a 1.800 pesos no se propuso que subieran los aranceles.

El otro sesgo grande de estos aperturistas es que su preocupación por la inflación es parcializada. En efecto, a la vez que se propone bajar aranceles, se insiste en subir el IVA para toda la canasta familiar, lo que, sin lugar a dudas, tiene un mayor impacto sobre el aumento de los precios, pero parecería que para ellos la inflación es secundaria frente a la necesidad de reducir el déficit fiscal.

Es cierto que el déficit fiscal es un problema mayor que uno o dos puntos más de inflación, pero, entonces, surge otra contradicción en las propuestas de los aperturistas, porque no les preocupa el incremento del déficit, que implica tener menores ingresos por concepto de aranceles. Y el costo fiscal de la apertura ha sido enorme.

A principios de los 90, los aranceles representaban el 10,5% de los ingresos tributarios, y en 2015 solo el 3,5%. Y no se trata solo de que hayan aumentado otras fuentes de ingresos, sino que a pesar del enorme incremento de las importaciones (que pasaron del 15% al 29,7% del PIB), los ingresos del Gobierno por aranceles se redujeron a la mitad, pasando del 1% a 0,5% del PIB.

La incoherencia es evidente: hay que bajar aranceles porque es más importante controlar la inflación, pero la inflación es menos importante que el déficit fiscal y por eso hay que subir el IVA, pero el déficit fiscal es menos importante que la apertura y por ello se deben bajar los aranceles. ¿Alguien entiende?

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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