Mauricio Cabrera Galvis

Armas y drogas

En Colombia, el 97 por ciento de las armas entregadas o incautadas a los paramilatares son de origen extranjero.

Mauricio Cabrera Galvis
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Mauricio Cabrera Galvis
febrero 05 de 2013
2013-02-05 02:17 a.m.
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El presidente Santos puso el dedo en la llaga cuando en la cumbre de la Celac-Uninión Europea, celebrada en Chile, les dijo a los mandatarios europeos que el mundo, y en especial los países desarrollados que son los grandes productores de armas, debían buscar un control más estricto al comercio de estas, y recordó que el tráfico ilegal de drogas está íntimamente ligado al tráfico ilegal de armas, y que los dos están generando problemas crecientes de violencia en nuestras sociedades.

Armas y drogas son dos negocios estrechamente relacionados; más aún se puede decir que en buena parte son las dos caras del mismo negocio, pues las utilidades que hacen los narcotraficantes vendiendo drogas en EE. UU. y Europa son las que usan para comprar armas en esos mismos países.

demás, las rutas y canales por los que sale la droga de países como Colombia y México son las mismas por las que ingresan las armas.

Pero en un caso típico de doble moral e hipocresía, el mundo tiene dos posturas diferentes ante estos dos negocios: la producción de drogas se califica como delito y se le continúa en una guerra que ya fracasó (eso sí, el consumo se tolera), mientras que la producción y el comercio de armas es un próspero negocio legal que hasta elige presidentes y congresistas. El colmo de esa doble moral se da en EE. UU., donde los grupos conservadores son los más radicales prohibicionistas y opuestos a la legalización de las drogas, y a la vez son los más fanáticos defensores de la venta libre de armas.

El negocio de la muerte es próspero y creciente. La organización internacional Small Arms Survey estima que en el mundo circulan unos 875 millones de armas livianas y pequeñas, de las cuales el 75% está en manos de particulares; el comercio registrado de estas mueve unos US$8.500 millones al año y hay más de 1.200 empresas de manufactura, producción, comercialización, importación y exportación de armas ligeras, municiones y equipo, que cada año producen unos 8 millones de armas y 16.000 millones de municiones.

Como Jalisco, los países desarrollados nunca pierden. Se quedan con las utilidades de las ventas de armas -pues son los mayores productores- y con gran parte de las utilidades del narcotráfico, ya que allá está el consumo y allá empieza el lavado de dinero. Hay que recordar que las ganancias del narcotráfico se generan es por la prohibición decretada por esos países, pues si las drogas no fueran prohibidas no habría mafias ni tráfico ilegal.

La relación de este comercio con la violencia y el narcotráfico es evidente. En Colombia, el 97% de las armas entregadas o incautadas a los paramilitares son de origen extranjero, y la tercera parte proviene de países europeos. En México, el problema es más grave. Allá circulan unos 20 millones de armas ilegales, la mayoría de las cuales han sido compradas legalmente en EE. UU. por personas que reciben de las mafias de narcotraficantes hasta 500 dólares por cada arma comprada legalmente. Según datos oficiales, en el último lustro se incautaron 94.000 armas a organizaciones criminales, de las cuales 64.000 fueron adquiridas en distribuidores autorizados de EE. UU.

La guerra contra las drogas aumenta los muertos en nuestros países, mientras que en las naciones consumidoras incrementa las utilidades de los narcotraficantes y las de los productores de armas. Es hora de replantear toda la estrategia: liberalizar las drogas y limitar el comercio de armas. 

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