Mauricio Cabrera Galvis

Banco central y desigualdad

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
noviembre 11 de 2014
2014-11-11 02:32 a.m.
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“Las dimensiones y el continuo aumento de la desigualdad en los Estados Unidos me preocupan sobremanera”. Esta declaración ha causado revuelo en el país del norte, no porque sea novedosa –ya muchos analistas y políticos han dicho algo similar– o exagerada –las cifras son todavía peores que esa frase–, sino por quien la dijo: la presidenta del Banco Central de los Estados Unidos (la FED), Janet Yellen.

Las críticas no se hicieron esperar: que la desigualdad no debe ser una prioridad del Banco Central; que la desigualdad no tiene nada que ver con la inflación o con el crecimiento, que son los únicos objetivos de la FED; que este es un tema de política partidista en el cual no debe meterse la FED para no comprometer su independencia, y otras por el estilo.

La mayoría de las críticas provienen de los centros de pensamiento conservador, los mismos que alimentan con sus ideas el Tea Party y los grupos más reaccionarios del partido Republicano. Para ellos el aumento de la desigualdad no es algo negativo para la economía o la sociedad e, inclusive algunos llegan a afirmar que no es cierto que haya aumentado la desigualdad.

Pero las cifras son irrefutables, máxime cuando la fuente es la misma FED, que desde el 1989 realiza periódicamente una “Encuesta de las Finanzas del Consumidor”, de donde salen los datos que utiliza la señora Yellen. Entre el 1989 y 2013 el ingreso del 5 % más rico de la población creció 38 %, mientras que el de la mitad más pobre solo aumentó 10 %, y como consecuencia la participación del primer grupo en el ingreso total subió del 31 % al 37 %.

La Encuesta de la FED da otra información que es menos conocida, que es la referente a la distribución de la riqueza, donde la situación es todavía peor: las 6 millones de familias más ricas pasaron de poseer el 54 % al 61 % de la riqueza total del país en solo catorce años, mientras que 62 millones de familias que solo tenían el 3 % de la riqueza nacional en 1989, bajaron hasta un mísero 1 % en el 2013, y de estas 15 millones no tenían ningún activo ni riqueza.

Tan aberrante injusticia debería ser motivo de preocupación para cualquier ciudadano y así lo manifiesta la señora Yellen, para quien la creciente desigualdad “no es compatible con los valores esenciales de la historia americana, entre ellos el de la igualdad de oportunidades”.

¿Qué puede hacer la política monetaria y financiera para reducir la desigualdad? Mucho, porque uno de los mecanismos que reproduce y aumenta la desigualdad es la falta de acceso de los pobres al crédito y otros servicios financieros, así como el elevado costo de los mismos. Además los pobres son los más afectados por las crisis financieras, como la del 2008, que se producen por los abusos de la banca y la falta de supervisión y control por parte de las autoridades monetarias.

En Colombia, un aporte específico que podría hacer el Banco de la República es emular la Encuesta que hace la FED para empezar a recolectar información sobre la situación financiera de los hogares que permita medir la concentración de la riqueza en el país sobre la cual poco se discute –a diferencia de la distribución del ingreso–. Es evidente que en Colombia la riqueza está muy mal repartida pero no se tienen cifras ni datos suficientes para analizar y ver la evolución de este problema. Lo que no se mide no se puede controlar ni mejorar.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

macabrera99@hotmail.com


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