¿Campesinos o agroindustria? | Opinión | Portafolio
Mauricio Cabrera Galvis

¿Campesinos o agroindustria?

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
julio 02 de 2013
2013-07-02 01:56 a.m.
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El debate sobre las compras de enormes extensiones de tierra en los Llanos Orientales por parte de empresas nacionales y extranjeras ha tenido como trasfondo el enfrentamiento de dos formas de producción agrícola, como si fueran excluyentes: la del pequeño propietario campesino y la de la explotación a gran escala por la agroindustria. Es un enfoque equivocado, porque las dos formas son complementarias y se necesitan mutuamente, en particular en las condiciones de la Orinoquia.
Para consolidar la paz es requisito indispensable el desarrollo con equidad del sector agrícola; para lograrlo, el país debe superar dos grandes retos: disminuir la enorme concentración en la propiedad de la tierra, pero, a la vez, hacer productivo y rentable el sector rural. La simple entrega de tierras a los campesinos pobres, que no tienen los recursos ni la tecnología para explotarlas adecuadamente es inútil para lograr este doble propósito.
La realidad es que la repartición de baldíos en los Llanos ha sido un fracaso histórico, por la falta de políticas estatales complementarias, que no han contribuido a sacar a los campesinos de la pobreza e incluso ha permitido la consolidación de grandes latifundios improductivos y el enriquecimiento de unos pocos con la valorización acelerada de sus tierras.
La distribución de las grandes extensiones de la Altillanura, que aún son propiedad del Estado o han sido usurpadas de manera ilegal, son la oportunidad que tiene el país para que millones de desplazados y víctimas tengan su propio pedazo de tierra, y debe hacerse con presteza.
Pero el acceso a la propiedad es solo uno de los obstáculos para que esas familias campesinas puedan tener ingresos suficientes para una vida digna. En los cultivos de la zona, el valor de la tierra solo representa el 15% o 20% del total de las inversiones requeridas.
Para el desarrollo sostenible de las tierras de la Altillanura se requieren cuantiosas inversiones, tecnologías apropiadas y procesos industriales que den valor agregado a los productos agrícolas. El Estado puede y debe proveer a los campesinos bienes públicos necesarios para este desarrollo: vías, comunicaciones, riego, asesoría técnica o financiación; pero estos no son suficientes, también se requiere inversión privada y gestión empresarial.
Los proyectos agroindustriales requieren extensiones de tierra mayores a las que necesita una familia campesina, y las restricciones legales que hoy existen deben ser modificadas para permitirlos y promoverlos. Pero para que no se repita la historia y la tierras de los campesinos acaben todas en unas pocas manos de unos grandes empresarios, se deben establecer límites y condiciones.
El modelo a seguir es el del Magdalena Medio, donde en cultivos de palma de aceite, empresarios privados promueven la vinculación de pequeños productores, les brindan asistencia técnica, ayudan a conseguir financiación y reciben y comercializan el fruto. A la vez, la empresa se beneficia, pues el mayor volumen de producción le permite lograr más eficiencia por las economías de escala.
La alternativa a la confrontación innecesaria entre el pequeño productor campesino y la agroindustria es la promoción de formas asociativas. Esta debe ser una política estatal, pero también una condición exigida a los empresarios privados que quieran adquirir mayores extensiones de tierra.
Es una buena noticia que la junta del Emisor haya decidido seguir comprando dólares, señalando así, que está dispuesta a mantener la tasa de cambio por encima de $1.900. Ojalá siga en la misma postura cuando el dólar pase de 2.000 pesos.
Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
mcabrera@cabreraybedoya.com

 

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