Mauricio Cabrera Galvis
Columnista

La popularidad de Trump

El escenario, los actores, todo cuidadosamente orquestado para cautivar a los millones de televidentes y enfrentar la dura campaña electoral.

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
agosto 01 de 2016
2016-08-01 09:08 p.m.
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Impresionante el espectáculo de la convención del Partido Demócrata en EE. UU. y el lanzamiento de la candidatura de Hillary Clinton. El escenario, la coreografía, los actores, la puesta en escena, en fin todo cuidadosamente orquestado para cautivar a los millones de televidentes y transmitir con efectividad los mensajes necesarios para enfrentar la dura campaña electoral que se avecina.

Una semana antes, la dividida convención republicana que proclamó candidato a Donald Trump, con la oposición de muchos líderes de ese partido, pintó un panorama muy pesimista sobre la situación de EE. UU., un país en crisis con mucha gente empobrecida, gobernado por un negro comunista, amenazado por la violencia y el terrorismo e invadido por inmigrantes. Frente a tan caótica situación, aparecía la promesa de Trump: “hay que hacer grande a América otra vez, y yo puedo hacerlo solo”.

En una impresionante demostración de unidad, los demócratas, en su convención, cerraron filas alrededor de Hillary, con la participación de todos los pesos pesados del partido, y respondieron con dos mensajes centrales. Uno de optimismo sobre la situación del país: América ya es grande y salió de la crisis gracias a las políticas de Obama, por lo tanto hay que mantener el rumbo y la más capacitada para hacerlo es Hillary. Otro criticando a Trump, mostrando su incapacidad para dirigir el país, la carencia de propuestas concretas y la arrogancia de presentarse como mesías salvador.

Sorprendente la dureza de las críticas a Trump: que es un tipo temperamental e inestable al que no se le podía confiar el control de las armas nucleares; un ignorante en materia de relaciones internacionales; un racista que desprecia a los que no son blancos y un machista que ofende a las mujeres; rechaza a los inmigrantes ilegales, pero los contrata en sus empresas con salarios bajos; critica la competencia de China, pero compra sus productos en fábricas de ese país, y desconoce la Constitución y traiciona los principios esenciales de la nación y sus padres fundadores.

Uno de los críticos más duros y contundentes, por ser un tradicional oponente de Hillary, fue Michael Bloomberg, el multimillonario exalcalde de New York, quien le dijo a Trump que era un tramposo que había hecho su fortuna estafando a proveedores, clientes, pequeños accionistas y estudiantes. Desmontó el mito empresarial del candidato republicano diciendo “que Dios nos guarde si Trump quiere manejar este país como maneja sus negocios”.

Más sorprendente aún es que todas estas críticas son ciertas y no han podido ser refutadas porque están basadas en hechos comprobados. Entonces, ¿por qué cerca de la mitad de la población norteamericana dice estar de acuerdo con Trump y lo apoya?
Una de las razones que se han dado es que este candidato recoge el descontento de una mayoría de blancos, trabajadores de clase media que han visto disminuir sus ingresos y deteriorarse su nivel de vida. Para ellos ya no es realidad el sueño americano de que cada generación vive mejor que la anterior, pues ven que su situación es peor que la de sus padres y saben que la de sus hijos será todavía más difícil.

Lo que es inexplicable es que esos descontentos apoyen las políticas proricos de un Partido Republicano, que desde Reagan, con sus rebajas de impuestos, ataques a los sindicatos y desregulación de los mercados han sido las causantes de su empobrecimiento. Es el gran misterio de la popularidad de Trump.

Mauricio Cabrera G
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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