Mauricio Cabrera Galvis

Confesión de boca y satisfacción de obra

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
septiembre 29 de 2015
2015-09-29 01:13 a.m.
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El aspecto más significativo del acuerdo firmado esta semana entre el Gobierno y las Farc, es que, por primera vez, el grupo guerrillero ha aceptado reconocer que sus métodos de lucha causaron daño a víctimas inocentes, que cometió delitos y está dispuesto a confesarlos y a ser juzgado por ellos.

El viejo catecismo Astete exigía cinco condiciones para el verdadero perdón de los pecados: examen de conciencia, contrición de corazón, propósito de la enmienda, confesión de boca y satisfacción de obra. No sé si será por el atavismo religioso de nuestra cultura occidental, o por la renovadora influencia del papa Francisco, pero el acuerdo en La Habana contiene estas cinco condiciones.

Para empezar, los guerrilleros tienen que reconocer que en su propósito de hacer la revolución y acabar con las injusticias del capitalismo, la embarraron y cometieron excesos y atrocidades que acabaron perjudicando a los mismos pobres por los que luchaban, además de que se juntaron con narcotraficantes, que son los delincuentes prototípicos del capitalismo salvaje.

Para el objetivo de la enmienda no basta la promesa de “no lo vuelvo a hacer”, es indispensable la dejación de las armas, porque solo así no contarán con los instrumentos de destrucción y barbarie. La confesión de boca es el núcleo del sistema de justicia alternativa que se ha pactado: solo los guerrilleros que acepten y confiesen por anticipado los crímenes cometidos tendrán la posibilidad de penas reducidas y sin privación de la libertad. Los que admitan tardíamente tendrán penas reducidas, pero con cárcel, y a los que no confiesen les caerá el peso de la ley, con penas hasta de 20 años.

La reparación a las víctimas es la satisfacción de obra exigida, pero como lo han dicho muchos familiares de asesinados, desaparecidos o secuestrados, la principal reparación que esperan no es la venganza, sino la verdad. Más o menos años de cárcel al victimario no van a devolverles al ser querido, pero para sanar heridas y poder perdonar sí necesitan saber la verdad de lo que sucedió.

La principal dificultad para lograr esta reconciliación no va a estar en los guerrilleros ateos, que ya aceptaron estas condiciones, sino en los que se dicen católicos, que en nombre de Dios y con el escapulario de la Virgen en la mano, torturaron prisioneros, desaparecieron sospechosos, o en falsos positivos asesinaron jóvenes inocentes. Como lo había propuesto el expresidente Gaviria, la justicia alternativa también se ha diseñado para ellos, pero para aprovecharla tienen que aceptar las condiciones del Astete.

El problema es que ya salieron a rechazar que los agentes del Estado que cometieron excesos y atrocidades se sometan a esa justicia, tanto el sumo sacerdote de los católicos integristas –el Procurador–, como el expresidente del todo vale. Para ellos, el fin de acabar con “la Far” sí justificaba todos los medios, y por eso no hay delitos que confesar ni víctimas que reparar; tampoco esperan clemencia o rebaja de penas, solo absoluciones plenas y sin condiciones para los que se excedieron defendiendo la democracia.

Para la terminación del conflicto es indispensable que todos los actores de la guerra acepten que el fin no justificaba los medios, que los asesinatos o secuestros son delitos sin importar en nombre de cuál dios o de qué propósito altruista se cometieran. Sin este reconocimiento, de todos, no hay garantía de que no se vuelvan a repetir las atrocidades, ni de que detenga la espiral de violencia creada por el Talión del ojo por ojo.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

macabrera99@hotmail.com

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