Mauricio Cabrera Galvis

Cooperativas para sembrar

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
octubre 06 de 2015
2015-10-06 02:26 a.m.
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Colombia Siembra. Con este significativo nombre, el Ministerio de Agricultura lanzó un ambicioso plan para desarrollar el sector rural colombiano, cuyos objetivos son garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria del país y aumentar la oferta exportable del país.

Las metas son sembrar un millón de hectáreas nuevas y generar 270.000 empleos más en el campo, destinando $1.6 billones del presupuesto nacional a programas de estímulos al agro, y unos $24 billones al crédito agropecuario. Son metas ambiciosas, pues en los últimos 25 años el área cultivada solo creció 600.000 hectáreas, y hoy se busca que aumente un millón en tres años.

La seguridad y la soberanía alimentaria es prioritario, porque con la apertura hacía adentro de las dos últimas décadas Colombia se ha vuelto en extremo dependiente de las importaciones de alimentos: mientras en 1990 comprábamos 1,2 millones de toneladas de alimentos por US$400 millones, el año pasado importamos 10,2 millones de toneladas por US46.200 millones.

Diversificar la oferta exportable también es necesario, pues, a pesar de la enorme diversidad y potencial del campo, el 88% de nuestras exportaciones agrícolas se concentran en solo cinco productos (café, flores, banano, azúcar y aceite de palma).

Las estrategias e instrumentos del plan son similares a los que se han tratado de utilizar en otras ocasiones: asistencia técnica, financiación, ayuda en la comercialización, mecanización, distritos de riego, etc. El gran reto del Gobierno es lograr que estas ayudas y estímulos lleguen a los pequeños productores campesinos (que son el 75 % de las unidades productivas, aunque ocupan solo el 2,6 % del área agrícola) y no se queden en unos pocos grandes agroindustriales, como sucedió con los recursos de AIS.

A Colombia Siembra le falta una estrategia indispensable para lograr el desarrollo del agro con equidad, y es el incentivo y fortalecimiento de los mecanismos de organización campesina y asociación de productores, que son la mejor manera de aumentar la productividad del pequeño campesino, reducirle los costos de insumos y financiación, y garantizarle la venta y comercialización de sus productos.

El modelo a seguir son las cooperativas agropecuarias, que en el mundo tienen una impresionante, desconocida entre nosotros, participación en el sector agrícola: en Europa sus ventas llegan a 350.000 millones de euros; la cooperativa agrícola más grande es japonesa, con ventas por US$57.000 millones.

En Francia, Irlanda, Holanda, Austria, Hungría, Dinamarca, Finlandia y Suecia, las cooperativas agrícolas manejan más del 70 % de la producción del sector, y en otros como España, Portugal, Italia, Bélgica y Alemania, cerca del 50 %. En Turquía existen 1.700 cooperativas de crédito agrícola, 7.500 de desarrollo rural y más de 300 de comercialización.

En otras latitudes, las asociaciones de productores también son fundamentales: en Japón hay más de 10 millones de agricultores afiliados a cooperativas. En Brasil, estas aportan el 40 % del PIB agrícola y el 6 % de las exportaciones del sector; en Canadá generan cerca del 50 % del producto de los ramos lácteo, de cereales y avícola; en Nueva Zelanda, el 22 % del PIB total lo generan empresas cooperativas, y en EE. UU. las cooperativas controlan el 80 % de la producción de lácteos.

En Colombia, las cooperativas fueron esenciales en el desarrollo de la caficultura, pero la falta de una reforma agraria ha impedido que el modelo se replique para otros productos. Si el Gobierno quiere consolidar la paz en el campo, tiene que impulsar cooperativas para sembrar.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

macabrera99@hotmail.com

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