Mauricio Cabrera Galvis

El dólar y el sapo

Lo que se necesita es llevar el dólar por lo menos hasta $1.950, como dijo el Mihacienda, y ojalá un poco más alto.

Mauricio Cabrera Galvis
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Mauricio Cabrera Galvis
febrero 12 de 2013
2013-02-12 12:13 a.m.
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Es muy conocida la historia del sapo y el agua hirviendo. Si se pone un sapo en una olla de agua hirviendo, dará un salto para salir de ahí, chamuscado, pero vivo. Pero si lo ponen en agua tibia, que se va calentando poco a poco hasta hervir, el batracio termina cocinado sin darse cuenta.

Es lo que está pasando en la economía colombiana, en la que el sapo hervido son los productores nacionales y el agua calentándose es la tasa de cambio, que en 10 años ha subido poco a poco de 0,33 a 0,56 centavos de dólar por un peso (ha bajado de $3.000 a menos de $1.800 por dólar): una subida de temperatura del 66%.

El argumento de quienes están tranquilos con un precio del dólar alrededor de $1.800 es que los productores colombianos no deben buscar competir en los mercados internacionales con base en la tasa de cambio. El corolario de esta premisa es que quienes insisten en la devaluación del peso son unos dinosaurios proteccionistas que quieren defender a una industria y una agricultura ineficientes y poco competitivas.

De acuerdo con los libros de texto, en parte tienen razón. Porter enseña que competir con base en precios es una estrategia perdedora, y también se sabe de la importancia que tienen para la competitividad factores como la infraestructura, la educación o la calificación de la mano de obra, en los que Colombia no está bien.

Pero la realidad es distinta a las teorías. En la última década, los productores nacionales han sido eficientes en reducir costos (léase despedir trabajadores) para aumentar su productividad y seguir compitiendo aún con menores márgenes de utilidad.

En el 2004, cuando en 18 meses el dólar pasó de $2.960 a $2.400 (una revaluación del peso del 23%), los productores se adaptaron al brusco ajuste y siguieron compitiendo. Lo mismo en el 2005, cuando la revaluación fue del 5,7% y el dólar llegó a $2.280. En el 2006, tuvieron un respiro, pues la tasa de cambio se mantuvo casi quieta, pero en el 2007 hubo otra revaluación del 12% y el dólar cayó a $2.000; pese a ella, la industria y la agricultura siguieron apretándose el cinturón para competir.

Con la crisis financiera del 2008, el dólar se fortaleció temporalmente, pero en el 2009, volvió a los niveles de dos años atrás. Desde ahí, la revaluación ha sido lenta, pero permanente, y el peso se ha fortalecido otro 13% hasta llegar a la tasa de cambio actual de $1.780.

Ante esta realidad, es falso afirmar que los productora han tratado de competir gracias a la tasa de cambio. Lo han hecho a pesar de la revaluación, pero no todos lo lograron, y a lo largo del camino quedaron cadáveres de sapos hervidos con menos resistencia a la subida de temperatura.

Cada vez es más intenso el clamor de los sapos que hasta ahora han sobrevivido a la revaluación del peso, y el Gobierno trata de responder con medidas puntuales como aumento de aranceles para unos sectores, prohibición de importar sombreros ‘vueltiaos’, precios de sustentación para algunos productos agrícolas, refinanciación de deudas para los cafeteros, etc. Es como tratar de echarles crema para las quemaduras, pero dejarlos en el agua hirviendo, cuando lo que se necesita es bajarle la temperatura al agua y llevar el dólar, por lo menos, hasta $1.950, como dijo el Ministro de Hacienda, y ojalá un poco más alto.

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