Mauricio Cabrera Galvis
columnista

'El gran escape'

Lo usual en la historia es que la riqueza de unos pocos se haya construido a costa de la pobreza de los demás, y a veces de sus vidas.

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
septiembre 12 de 2016
2016-09-12 07:45 p.m.
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En estos tiempos de aguda polarización política, podría pensarse que el título de esta columna se refiere a la historia de los funcionarios del expresidente senador, que han huido del país para no responder ante la justicia por las acusaciones, y hasta condenas, que pesan sobre ellos por los delitos cometidos en ese gobierno. Pero no, esta vez se trata de un tema económico, aunque también polémico.

El gran escape es el título de un libro del premio nobel de Economía, Angus Deaton, quien estuvo en Colombia en días pasados y participó en un interesante foro sobre crecimiento y equidad, organizado en memoria de don Hernán Echavarría, en el cual, además, se debatió sobre el papel que pueden jugar los empresarios para disminuir las enormes desigualdades de la sociedad colombiana, que son un obstáculo para la paz.

El tema del libro es sobre escape de la pobreza que han podido hacer millones de personas por los enormes avances en materia de ingresos y salud, que ha traído consigo el crecimiento económico; pero también trata la situación de otros millones que han quedado rezagados porque los beneficios del crecimiento no se han repartido entre todos, creando grandes abismos entre los que tienen y los que no.

El título del texto, dice el autor, es tomado de una conocida película sobre un grupo de prisioneros en un campo de concentración nazi que construye un túnel para escaparse y lograr su libertad. El filme es sobre los héroes que logran esa hazaña, pero Deaton va mas allá y muestra la situación de los que quedaron atrás y no pudieron escapar; esos condenados de la tierra, como los llamó Frantz Fanon, que siguen viviendo en condiciones infrahumanas.

Aunque es muy pretencioso criticar a un premio nobel, creo que el libro tiene un vacío, porque no analiza la relación de causalidad que existe entre el escape de unos y el deterioro de la situación de los que se quedan. Cuando se descubre una vacuna y los que pueden pagarla escapan de la enfermedad, la mejoría de su situación no se hace a expensas de los desafortunados que no tienen los medios para comprarla. Es una situación como la de la película, y el escape es bienvenido porque unos mejoran y los otros no empeoran.

Pero no siempre es así. De hecho, en algunos de sus campos de concentración, los nazis tenían la costumbre de fusilar un prisionero por cada uno que se rebelara o intentara escaparse. En ese caso, el escape de unos causaba la muerte de otros. Deaton menciona esta posibilidad y reconoce que “el crecimiento económico ha sido el motor de la desigualdad internacional”, y que “en muchas ocasiones, el progreso en un país ha sido a expensas de otro”, pero no profundiza en su análisis.

Lo usual en la historia es que la riqueza de unos pocos se haya construido a costa de la pobreza de los demás, y a veces de sus vidas. España se enriqueció con oro y plata manchado con sangre de los indígenas; los propietarios de las grandes plantaciones construyeron sus palacios con el sudor y la vida de sus esclavos; en la Revolución Industrial fue la miseria y la explotación de los trabajadores la que permitió amasar enormes fortunas. La globalización ha enriquecido a unos y empobrecido a otros.

No hay grandes escapes sin damnificados. Mientras no se cuente con las instituciones políticas adecuadas y se logre una equitativa repartición de los frutos del progreso, esa historia se repetirá.

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
mcabrera@cabreraybedoya.com

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