Mauricio Cabrera Galvis

Enseñar a nadar al ahogado

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
julio 23 de 2013
2013-07-23 03:09 a.m.
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El jueves pasado, el Gobierno anunció un cambio sustancial en su política económica. Ahora ya no buscará firmar más TLC, sino que dará prioridad a la política industrial. Según el Ministro de Hacienda, “durante los últimos 20 años el enfoque del país ha sido la negociación de TLC, pero se debe cerrar ese ciclo, pues ya está completa la primera fase, que nos permite ampliar mercado con más consumidores y más competencia; tenemos que centrarnos en la política industrial”.

Bienvenido el cambio de política, pero le llegó un poco tarde para empresas como la multinacional farmacéutica Bayer, que ese mismo día anunció el cierre de su planta de producción en Cali, destruyendo 100 empleos, o a la productora de llantas Michelin, que hace un mes tomó la misma decisión con un costo de 250 trabajadores menos.

También fue tardío el anuncio para otras multinacionales, que en los últimos años dejaron de producir en Colombia, como Saint-Gobain (vidrios), Kraft (dulces y alimentos), Sanford (lápices y material de escritura) o Varta (pilas). Todas ellas deben hacer parte de la nueva Andi (Asociación Nacional de Importadores), porque siguen vendiendo sus productos en el país, pero ahora traídos del exterior.

Han sido menos afortunadas las 660 empresas del sector manufacturero que según datos de la Supersociedades, entraron en proceso de liquidación obligatoria o judicial en la última década, y las miles de personas que perdieron sus empleos en estas empresas o en todas las demás que han tenido que despedir trabajadores para sobrevivir a la competencia desigual, creada por la política de apertura hacia adentro implantada en Colombia. Para todas ellas, llega muy tarde el anuncio del cambio de política.

Porque si bien la apertura y el comercio exterior pueden ser muy benéficos para un país, la forma como se ha hecho en Colombia es absurda, ilógica y equivocada, puesto que en esta materia el orden de los factores sí altera el producto, y es muy distinto si la política industrial se hace antes o después de la apertura. Por eso, el anuncio del Minhacienda es casi una confesión y un reconocimiento de los errores cometidos en 20 años.

En la década de los 90, el comercio exterior (exportaciones más importaciones) representaba el 30 por ciento del PIB, hoy, el 45 por ciento. El ministro del ramo podría estar muy satisfecho con este resultado, salvo por el pequeño detalle de que ha sido una apertura hacia adentro: las exportaciones eran del 16,1 por ciento del PIB, y ahora son el 16,4 por ciento, mientras que las importaciones duplicaron su participación, pasando del 15,4 por ciento al 29,4 por ciento del PIB. Es el resultado de las bajas de los aranceles, agravado con la enfermedad holandesa producida por la revaluación del peso.

Cuando se iban a empezar las negociaciones del TLC con Estados Unidos, alguien se percató de la necesidad de fortalecer la producción nacional para enfrentar la mayor competencia externa y aumentar la oferta exportable. Para ello se planteó una ‘agenda interna’ que ayudara a superar las grandes deficiencias de infraestructura, comunicaciones y baja productividad. Nunca se desarrolló y se quedó en meros anuncios, con la excepción de las ayudas a los agricultores –el conocido AIS–, que sí dejó unos cuantos afortunados beneficiarios.

Lo que han hecho los sucesivos gobiernos colombianos con la industria es como el caso del papá que tira a su hijo a la piscina para que aprenda a nadar, y cuando ya se ha ahogado se da cuenta de que hubiera sido útil enseñarle antes o por lo menos darle unos flotadores mientras aprendía.

Mauricio Cabrera Galvis

Consultor privado

macabrera99@hotmail.com

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