Mauricio Cabrera Galvis

¿Quién frena a Colombia?

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
agosto 12 de 2014
2014-08-12 01:42 a.m.
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El discurso de posesión de Santos señaló las prioridades de su segundo periodo: paz, equidad y educación. Es una orientación estratégica acertada, pero incompleta: es el camino correcto para la construcción de una sociedad justa, pero no garantiza que se logre la meta. Hay una gran barrera que se atraviesa en el camino.

Pecó de optimismo el presidente Santos cuando terminó su discurso afirmando que “a Colombia en paz, con equidad y educada no la para nadie”. La realidad es que en el país hoy existe un obstáculo peor que el conflicto con la guerrilla, un freno que no permite avanzar más rápido hacia la equidad, un escollo que socava los esfuerzos por mejorar la calidad de la educación.

¿Cuál es ese freno peor que la guerrilla? Es la corrupción: esa apropiación privada de los recursos públicos, esa cultura mafiosa del dinero fácil por cualquier medio, esa costumbre del ‘¿cómo voy yo?’ que se ha enquistado en la sociedad. Y es peor porque tiene un impacto mucho más negativo en el crecimiento económico y el desarrollo social.

Es un crimen contra la equidad cuando el mandatario corrupto; en connivencia con el contratista privado se embolsilla los recursos de las regalías destinados a la construcción de acueductos en La Guajira o en Casanare, impidiendo que miles de personas cuenten con agua y mejoren su calidad de vida.

Es un atentado contra la educación cuando funcionarios tramposos se inventan miles de estudiantes fantasmas en Buenaventura para apropiarse de millonarias partidas del presupuesto que hubieran servido para educar a miles de niños, o cuando no alcanzan los recursos para la salud pública por sobreprecios en los medicamentos.

La corrupción es más peligrosa y dañina porque la sociedad se ha resignado a que exista. Mientras que contra la guerrilla existe hoy un justificado rechazo de la casi totalidad de la población, contra el funcionario o el empresario corrupto no hay sanción social, por el contrario, en algunos casos se llega a la admiración o envidia por su habilidad para enriquecerse.

A este lamentable estado de cosas ha contribuido el ejemplo negativo de líderes significativos de la sociedad. Es el caso del expresidente del todo vale, que corrompió al Congreso para cambiar el ‘articulito’ que permitió su reelección; del Procurador, supuesto guardián de la moral pública, que usa las mismas argucias jurídicas que le criticó al Alcalde de Bogotá para atornillarse en su puesto, o la Contralora, que debe velar por el buen uso de los dineros públicos y hoy es investigada por supuestos abusos en su gestión.

¡Si la sal se corrompe…! El ciudadano de a pie que ve estos ejemplos puede caer fácilmente en la tentación de imitarlos: si ellos lo hacen ¿por qué yo no?, o en el mejor de los casos resignarse y caer en la parálisis de la impotencia.

Al inicio de su primer mandato, Santos promovió una campaña con la participación de todos los organismos de control contra la corrupción y el desvío de los recursos públicos, en la que obtuvo algunos logros, pero en algún momento se perdió el impulso.

Si quiere lograr los resultados prometidos en su discurso, debe aprovechar su segunda oportunidad sobre la tierra y liderar toda una estrategia radical y eficiente contra la corrupción en todos los niveles de la administración. Si no lo hace, al final de su Gobierno constatará, con amargura, que sí había quién parara a esa Colombia que nos invitó a construir.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

mcabrera@cabreraybedoya.com


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