Mauricio Cabrera Galvis

El gallo viejo

Para que la extrema derecha vuelva a ser una opción de poder, es indispensable que el gallo viejo encabece la lista al Senado.

Mauricio Cabrera Galvis
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Mauricio Cabrera Galvis
febrero 25 de 2013
2013-02-25 11:59 p.m.
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Con el lenguaje coloquial y dicharachero que tanto gusta en la galería, el expresidente que no quería dejar de serlo confirmó sus intenciones de volver a participar directamente en las contiendas electorales. “Si las circunstancias lo exigen, si al gallo viejo le toca volver a la gallera, hay que hacerlo”, fueron sus declaraciones en su querida tierra antioqueña, donde estaba tratando de promover a los ignotos precandidatos presidenciales del Puro Centro Democrático.

Como el ingenio colombiano es rápido y agudo, al poco tiempo ya circulaba en las redes sociales la respuesta, también avícola, al expresidente, recordándole con el dulce cantar de mi Tolima esa guabina que dice: “ya no canta el gallo viejo como cantaba primero, porque ha venido otro gallo, a cantar al gallinero”.

Pero la sabiduría de esta copla popular es contraria a la mentalidad caudillista del exmandatario, quien intentó, sin éxito, cambiar la Constitución por segunda vez para perpetuarse en el poder, y que debe mirar con una mezcla de rabia y envidia cómo en el corral vecino el gallo Chávez, su antítesis ideológica y política, no solo se ha hecho reelegir todas las veces que ha querido, sino que, cual moderno Cid Campeador, sigue ganando batallas y mandando aún desde su lecho de enfermo moribundo.

En una entrevista reciente, Belisario Betancur dijo que él no había sido el mejor presidente, pero sí el mejor expresidente, refiriéndose a su alejamiento total de la política después de dejar el Palacio de Nariño, para no inmiscuirse en los gobiernos de sus sucesores. Por el contrario, este gallo viejo ha buscado convertirse en el líder de la oposición a Santos, pero no con los sesudos análisis y las documentadas críticas que en su revista Nueva Frontera hacía el bachiller Cleofás a los presidentes López y Turbay, sino a punta de las cortas, pero impactantes frases que caben en los 140 caracteres de un trino.

La verdad es que desde su postura de extrema derecha, el gallo viejo sí se siente obligado a volver a la gallera, porque el gallo nuevo no era el que él quería –hubiera preferido al pollo del AIS–; sin embargo, le tocó apoyarlo a regañadientes, y cuando tomó posesión del gallinero no le empolló sus tres huevitos como había intentado ordenarle (¡qué fenómeno! un gallo con huevos), sino que hizo una buena tortilla y la está sazonando con algunas ideas liberales.

Definitivamente, el gallinero se le salió de las manos al anterior mandatario y el péndulo político en el país ha vuelto de la derecha al centro.

Además, los gallitos que el expresidente está impulsando para que retomen el control del gallinero no han pasado de ser unos polluelos sin espuelas, muy capaces y preparados, pero sin mucha acogida popular. Desesperados ante la imposibilidad de trancar la reelección de Santos, porque tampoco les resultan los globos que tiran al aire, sin consultar a los interesados, con nombres como el general Naranjo o Luis Alberto Moreno, la opción que le queda al Puro Centro Democrático es tratar de llegar al Congreso con un número significativo de representantes para poder hacer la oposición desde allí.

Para que la extrema derecha vuelva a ser una opción de poder, es indispensable que el gallo viejo encabece la lista al Senado y arrastre con su popularidad los votos que ninguno de sus seguidores podría conseguir. Eso es lo que quiere decir volver a la gallera; pero no la tienen fácil, porque como dice otro refrán popular, ‘cada alcalde manda en su año’.

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