Mauricio Cabrera Galvis

Incentivos y ejemplos perversos

Las recompensas y la presión por resultados no justifican, pero sin duda incentivan esos hechos ileg

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
noviembre 04 de 2008
2008-11-04 07:32 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7861ade3cd.png

Las cifras son aterradoras: 1.122 casos de ejecuciones extrajudiciales atribuibles a la Fuerza Pública desde que en el 2002 se inició la política de la Seguridad 'Democrática', según la denuncia del Observatorio internacional del derechos humanos. La Fiscalía reporta una cifra similar de 1.015 personas asesinadas por las Fuerzas Militares y presentadas como muertas en combate.

Pero más escalofriantes aún son las historias concretas detrás de estas frías estadísticas que muestran las conmovedoras tragedias humanas de cada uno de estos asesinatos. Como por ejemplo, la historia que publicó la revista Semana del soldado de la patria que está arriesgando su vida en la lucha contra la guerrilla, pero que un día descubre que su hermano fue un 'falso positivo', es decir, que fue asesinado por sus propios compañeros del Ejército y presentado como si fuera un guerrillero.

Son reveladoras las declaraciones del soldado: "el día de la madre estaba cerca y los altos mandos empezaron a preocuparse, porque no teníamos resultado para mostrar ni méritos para que nos dieran el día y poder salir a visitar a las familias. Entonces se empezó a hablar de 'legalizar' a alguien. Es decir, de matar a una persona para hacerla pasar por guerrillero y así ganarse el permiso para salir. No me sorprendió del todo, pues las 'legalizaciones' son un asunto cotidiano." Su sorpresa vino después cuando descubrió que la víctima elegida era su propio hermano y, aunque lo ayudó a escapar una vez, después encontró que era su cadáver el que estaba en la bolsa con el cuerpo de un supuesto guerrillero dado de baja.

El Estado colombiano está haciendo un importante esfuerzo para que estos crímenes no queden en la impunidad. La Fiscalía tiene procesos penales contra 728 miembros de las Fuerzas Militares por 'falsos positivos', y la Procuraduría investiga a 2.878 militares por homicidio en persona protegida. Ante la presión internacional por la creciente violencia oficial, hasta el Presidente se vio forzado a actuar y ordenó una gigantesca purga en el Ejército en la que cayeron hasta 3 Generales de la República.

Pero no basta con investigar y castigar a los culpables, ni es aceptable que el Ministro retire generales como chivos expiatorios para tranquilizar a la opinión pública y eludir su responsabilidad política por lo que está pasando. Ante hechos tan generalizados (un asunto cotidiano), hay que decir como Hamlet que "hay algo podrido en Dinamarca" y preguntarse por las causas que están induciendo este comportamiento criminal para cortarlo de raíz y prevenirlo en lugar de lamentarse ante los muertos.

El fiscal Iguarán ha puesto el dedo en la llaga al pedir que se revise la política de pagar recompensas por cualquier cosa que sirva en la lucha contra la guerrilla, y que acaba poniendo precio hasta a la vida humana. El general Bonnet, con toda la autoridad que le da el haber sido comandante del Ejército, pide que se replantee la política presidencial de presión por resultados a los comandantes que lleva a la tropa a cometer excesos.

La respuesta del Presidente ha sido defender con sofismas su política. Ha dicho que un procedimiento legítimo como el de las recompensas no puede justificar un hecho ilegal como las ejecuciones extrajudiciales. Tiene razón, pero la crítica es otra. Las recompensas y la presión por resultados no justifican, pero sin duda incentivan esos hechos ilegales, Por eso es evidente la correlación positiva entre la directiva ministerial que reglamentó las recompensas en el 2005 y el aumento de los falsos positivos (en el 2005 hubo 73 'legalizaciones' y subieron a 245 en el 2007).

Además, hay que revisar la ética del 'todo vale' para acabar con la guerrilla, porque como en el caso del padre borracho que reprocha a su hijo por tomar trago, los discursos oficiales de respeto a los derechos humanos pierden validez cuando un ministro acepta pagar una multimillonaria recompensa al guerrillero que asesinó a su jefe y le cortó la mano como prueba. Ante este ejemplo, ¿qué se puede esperar de un pobre soldado en medio de la selva y presionado por sus oficiales?

macabrera99@hotmail.com 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado