Mauricio Cabrera Galvis

El inevitable ajuste externo

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
mayo 06 de 2013
2013-05-06 11:51 p.m.
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Colombia tiene un desequilibrio externo estructural y, como ya se vivió en la crisis de finales del siglo pasado, mientras más se demoren las medidas para corregirlo, más abrupto y doloroso puede llegar a ser el ajuste.

La medida más clara de este desequilibrio es el déficit de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, que el año pasado llegó a U$11.415 millones con un incremento del 20% respecto al registrado en el 2011. En palabras simples, este déficit quiere decir que estamos comprando al exterior mucho más de lo que vendemos, y que la diferencia está siendo financiado por ahorro extranjero que entra por la cuenta de capitales de la Balanza de Pagos.

Mirado en relación con el tamaño de la economía, este déficit no parece grande, pues equivale al 3,1% del PIB, inferior al registrado en los años 90 del siglo XX.

Pero, como anota el exministro José Antonio Ocampo en el prólogo a mi libro 10 años de revaluación, se trata de una cifra muy negativa cuando se tiene en cuenta el gran incremento de los precios de los productos minero-energéticos que exportamos. Ocampo estima que, descontando este efecto de precios, el déficit externo colombiano es cercano al 10% del PIB, mientras que en 1997 había sido de 4% del PIB. Sí hay motivos de alarma, porque esos precios ya han empezado a caer.

El gran riesgo que enfrenta cualquier país con un abultado déficit externo es que se interrumpan o disminuyan los flujos de capitales que lo están financiando, de manera que se tenga que hacer un ajuste acelerado o moderado, dependiendo de la velocidad del freno de los flujos de capitales.

En la crisis de 1998-1999, los mercados de capital internacionales se cerraron abruptamente, y el ajuste tuvo que ser rápido y doloroso, llevando a la peor recesión de nuestra historia.

Hoy, Colombia enfrenta un doble riesgo dependiendo de la evolución de la economía mundial. De una parte, si persiste la desaceleración en Europa y EE. UU., y la economía mundial no se recupera, continuarán bajando los precios del petróleo y las demás materias primas, afectando nuestros ingresos de exportaciones y aumentado el déficit de la cuenta corriente.

El escenario opuesto es que los países desarrollados salgan de la crisis y vuelvan a crecer a ritmos satisfactorios, en cuyo caso sus bancos centrales terminarán sus políticas expansivas y, ante el resurgimiento de presiones inflacionarias, volverán a subir las tasas de interés.

En este caso, se hará menos atractivo invertir en los mercados emergentes y disminuirán los ingresos de capitales, sobre todo los golondrina de corto plazo que el Gobierno colombiano ha tratado de atraer, con mucho éxito, pues este año han aumentado 65%.

En cualquiera de los dos escenarios, el país se verá obligado a hacer un ajuste a su desequilibrio externo. Se puede lograr por cantidades, frenando el crecimiento y aumentando el desempleo para que bajen las importaciones, o por precios, subiendo el precio del dólar.

La decisión está en manos del Gobierno y el Banco de la República.

Adenda: con ocasión de la presentación del libro 10 años de Revaluación, tuvimos ayer un interesante debate sobre el tema con el ministro Rafael Pardo y el director del Banco de la República, Carlos Gustavo Cano.

Gracias a la hospitalidad de la Federación de Cafeteros, el evento se realizó en su auditorio de Bogotá, aunque esto fuera como hablar de la soga en la casa del ahorcado.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

mcabrera@cabreraybedoya.com

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