Mauricio Cabrera Galvis

¿Es inútil la devaluación? (II)

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
marzo 31 de 2015
2015-03-31 02:00 a.m.
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Siguiendo el refrán popular, se puede decir que no hay revaluación que dure cien años ni productor que la resista, para responder la cuestión planteada en esta columna la semana pasada de por qué no repuntan las exportaciones ni la producción nacional, a pesar de una devaluación del peso de más del 25 por ciento en el último año.

La realidad es que 10 años de revaluación, en los que el dólar pasó de 3.000 pesos a menos de 1.800, no solo fueron el “error más protuberante de la política macroeconómica”, como lo calificó el exministro Ocampo, sino que produjeron un grave daño al aparato productivo nacional que no se repara con unos meses de devaluación.

La revaluación redujo la producción de bienes transables en Colombia, de manera que disminuyó la oferta exportable del país (por supuesto, con excepción de los hidrocarburos) y sustituyó bienes nacionales por importados. Revertir este proceso requiere de un tiempo más largo. Veamos por qué.

Primero, con la revaluación se quebraron o desaparecieron empresas que ya no van a resucitar, ni los bienes que producían reaparecerán en el mercado de la noche a la mañana. Esas víctimas ya no tienen reparación.

Entre las que no se quebraron, algunas decidieron cambiar de actividad, dejaron de producir y se dedicaron a importar los mismos productos que antes fabricaban. Se volvieron comercializadoras utilizando, con éxito, los mismos canales de distribución que ya tenían, como el caso de Mazda que ya no produce carros en Colombia, pero está aumentando sus ventas más del 30 por ciento.

Para sobrevivir, otras empresas tuvieron que hacer drásticos recortes de gastos (léase despedir trabajadores) y disminuir su capacidad instalada. Así, desmantelaron algunas líneas completas de producción o desconectaron las máquinas y las dejaron arrumadas en alguna bodega. Reactivar esa capacidad de manufactura también toma tiempo.

Otras empresas que, después de muchos años, habían logrado penetrar los mercados internacionales, ganando la confianza de clientes muy exigentes, tuvieron que cancelar los contratos de ventas porque no podían seguir produciendo a pérdida. Ahora, que vuelven a ser competitivos, se encuentran con que sus antiguos clientes ya tienen otros proveedores y deben volver a empezar el largo proceso de entrar a nuevos mercados, lo que tampoco se logra en unos cuantos meses.

Además del tiempo requerido para aumentar la oferta exportable del país y para sustituir bienes importados por producción nacional, hay otro factor relacionado con la tasa de cambio que dificulta hacerlo rápidamente: la incertidumbre.

Volver a comprar equipos y contratar trabajadores, o invertir en campañas de mercadeo a nivel internacional requieren inversiones cuantiosas que los empresarios no van a hacer hasta estar seguros que el precio del dólar no se va a volver a desplomar, llevándolos de nuevo a tener cuantiosas pérdidas. A este respecto son tranquilizadoras las declaraciones del Ministro de Hacienda y del Banco de la República, que han manifestado estar contentos con el nivel actual del precio del dólar y reconocen los beneficios de la devaluación. Pero no son suficientes.

Ante la posibilidad de choques externos que impliquen una recaída en la enfermedad holandesa, es indispensable que las autoridades anuncien medidas de política para impedir que en el futuro el dólar vuelva a caer. Por ejemplo, controles a los capitales golondrina o adoptar un régimen de ‘tasa de cambio objetivo’, como propuso el hoy presidente de Ecopetrol, servirían para reducir la incertidumbre, acabar con la inercia de la revaluación y acelerar el proceso de aumentar nuestras exportaciones.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

mcabrera@cabreraybedoya.com

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