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Mauricio Cabrera Galvis

La última marcha

La desmovilización de 6.300 guerrilleros es un enorme avance, que en unos meses debe culminar con la entrega de las armas. 

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
febrero 06 de 2017
2017-02-06 09:35 p.m.
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Después de 52 años de guerra con las Farc, y de tanta violencia, víctimas y sufrimientos, las noticias del final de ese conflicto se reciben con escepticismo y hasta incredulidad.
Pero las imágenes de los noticieros, que se pueden ver con solo poner en el buscador de Youtube “la última marcha”, son irrefutables y producen una rara sensación, mezcla de emoción, alegría y aprensión.

A pie, en buses, camiones, chivas, tractores y lanchas, cientos, miles de guerrilleros, con todas sus armas y equipo de combate marchan disciplinadamente hacia las zonas veredales donde se prepararán para su reinserción a la vida civil y la entrega de las armas. Las dimensiones de ese ejército rebelde explican por qué no era posible la derrota militar y que las negociaciones eran el mejor camino para acabar el conflicto. Es la última marcha de las Farc, pero ya no hacia el combate, sino a la la reconciliación y la paz.

En los videos está la prueba reina de que esta guerra terminó: soldados de la patria a la vera del camino, con sus modernos fusiles y en traje de fatiga, observando el paso de los guerrilleros, pero no disparándoles, sino saludándolos con una sonrisa; camionetas de la Policía detrás de los buses llenos de guerrilleros, pero no persiguiéndolos, sino escoltándolos para que lleguen sanos y salvos a su destino. La foto, en primera página en El Espectador, del general Flórez, brillante y exitoso militar tropero, estrechando la mano del guerrillero con fusil al hombro, a quien combatió por tantos años, es el símbolo de la esperanza de que sí es posible la reconciliación para construir un país en paz.

Otras imágenes extrañas e impresionantes son las de la reacción de la población civil frente a la marcha de los guerrilleros. En Ituango (Antioquia), los pobladores recibieron al Frente 18 de las Farc con banderas blancas y aplausos. En Argelia (Cauca), al paso de los guerrilleros hubo manifestación popular con pancartas, discursos, aplausos y abrazos; hasta nostalgia y agradecimiento expresaron algunos campesinos, y una caravana de motos acompañó los buses y las chivas de la guerrillerada.

Es difícil para el habitante de la ciudad entender estas manifestaciones; son incomprensibles y hasta le producen rechazo, pues solo conoce el conflicto por la televisión. Pero en los pueblos y veredas, que han sufrido en carne propia los horrores de la guerra, las cosas se ven distinto, y los campesinos que han sido la carne de cañón del conflicto celebran que durante los cinco meses de cese del fuego bilateral no se hayan presentado víctimas civiles, ni mortales, ni heridas.

También celebra el pueblo que en estos meses el Hospital Militar no haya recibido ningún soldado herido en combate, porque esos miles de héroes sacrificados en la guerra son los hijos de obreros y campesinos, y no de quienes tanto critican el proceso de paz desde la comodidad de sus hogares. La bandera blanca que una niña campesina puso en la boca de el fusil de un guerrillero debe representar el silencio de las armas que han segado tantas vidas.

No se puede cantar victoria todavía, pues el proceso tiene enormes dificultades prácticas y logísticas, que ya se han visto; además, los enemigos del proceso están prontos a magnificarlas y a poner nuevos obstáculos. Pero la desmovilización de 6.300 guerrilleros es un enorme avance, que en unos meses debe culminar con la entrega de las armas; entonces, se acallarán los fusiles y ojalá, también, las voces de los que quieren continuar la guerra.

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
mcabrera@cabreraybedoya.com

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