Mauricio Cabrera Galvis

Obama, el Papa y Fidel

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
diciembre 23 de 2014
2014-12-23 01:48 a.m.
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La valerosa decisión del presidente Barack Obama de enfrentar al poderoso lobby del exilio cubano y reanudar relaciones diplomáticas y económicas con Cuba pondrá fin a un anacrónico vestigio ideológico de una guerra fría que terminó hace 25 años, y también a una de las “grandes anomalías de la política exterior norteamericana”, como calificó la revista The Economist al embargo a la isla.

En realidad, más que una anomalía, las sanciones económicas y el aislamiento a Cuba son una aberrante contradicción y un caso de doble moral diplomática que Obama busca corregir. Además, como lo dijo en su discurso, se trata cambiar una política que durante 50 años ha sido inútil para el propósito aparente de promover la democracia.

Porque la razón que a lo largo de este medio siglo se ha esgrimido para mantener el embargo con la Cuba de Fidel es que Estados Unidos no debe hacer negocios con un régimen totalitario que restringe las libertades individuales, sin partidos políticos ni elecciones democráticas. Para la derecha más reaccionaria del Partido Republicano, Estados Unidos debe ser el policía mundial de los derechos humanos, así su CIA asesine y torture a sus prisioneros.

Argumentos muy bonitos y plausibles, pero hipócritas. ¿Por qué un país como China, con otro régimen igual o más totalitario y antidemocrático, es el principal socio comercial de EE. UU.? ¿Por qué se fomenta la inversión norteamericana en Vietnam, país que los derrotó en una guerra en la que murieron más de 50.000 de sus soldados? Y eso para no hablar de las dictaduras que durante muchos años apoyaron, e incluso impusieron en países como Chile, Argentina o Uruguay.

Lo que muestra la doble postura frente a Cuba y China es que lo que le preocuopa a EE. UU. no son tanto los derechos humanos y la democracia, sino el sagrado derecho a la propiedad. A los chinos les perdonan que no tengan elecciones, que no haya prensa libre ni acceso a internet y que violen los derechos humanos, siempre y cuando no expropien a sus empresas como lo hizo Cuba. A los exiliados en Miami no les interesa la democracia en la isla, sino que les restituyan las propiedades que perdieron con la revolución.

Una hipocresía similar es la que está tratando de acabar el papa Francisco, quien jugó un papel importante en el acercamiento entre Obama y Raúl Castro y en el derrumbe del muro de Miami, así como su antecesor Juan Pablo II influyó mucho en la caída del muro de Berlín.

También el Vaticano reaccionario del pontífice polaco tenía una postura de doble moral frente a los regímenes totalitarios y antidemocráticos, pues se opuso activamente y con mucho éxito al comunismo en Europa Oriental, pero a la vez algunos de sus obispos bendecían y daban la comunión a los dictadores asesinos de Chile y Argentina. Su preocupación tampoco era la democracia ni los derechos humanos, sino derrotar al comunismo ateo.

Otros sectores de la Iglesia que se opusieron a esas dictaduras, como el mismo papa Bergoglio, cuando era obispo de Buenos Aires, tuvieron que hacerlo de manera escondida y clandestina para no recibir el baculazo vaticano que en esa época excomulgó a tantos cristianos comprometidos en la lucha por la libertad.

Coletilla: ¿Ahora que se normalicen las relaciones entre Cuba y EE. UU., y Cuba deje de ser calificado como país “promotor del terrorismo”, qué enemigo se inventará el expresidente mentiroso para reemplazar el fantasma del castro-chavismo y seguir oponiéndose a las negociaciones de paz?

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com
 

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