Mauricio Cabrera Galvis

Objetivo: subir la inflación

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
abril 16 de 2013
2013-04-16 04:34 a.m.
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Una historia increíble. Un Jefe de Estado que decide recortar la independencia de su Banco Central y cambia a su gerente por ser demasiado ortodoxo y no ser más agresivo en política monetaria para acelerar el crecimiento; un Congreso que elige como sucesor a un economista considerado una ‘paloma’ en materia monetaria. Una nueva política monetaria en la que el objetivo del Banco es subir (sí ¡subir!) la inflación, y para ello está dispuesto a duplicar la cantidad de dinero en la economía.

No es una película de ciencia ficción ni de terror, aunque sí debe tener asustados a algunos en el Banco de la República; tampoco es la historia antigua de un país subdesarrollado con un gobierno populista. Es una realidad actual, de hecho, los cambios en ese Banco Central fueron el pasado mes de marzo, y nada menos que en uno de los países más conservadores y ortodoxos en el manejo monetario: Japón.

En diciembre del 2012 toma posesión como nuevo primer ministro de Japón Shinzo Abe, del conservador PLD, y anuncia una nueva política económica para sacar al país de una década de estancamiento y caída de precios. En solo tres meses, presiona la salida del tradicionalista gerente del Banco de Japón (BOJ), M Shirakawa, y postula como reemplazo al presidente del Banco Asiático de Desarrollo (el BID de Asia), H. Kuroda, quien ha sido un permanente crítico de las políticas del BOJ y venía precedido de una reputación de ser demasiado liberal en política monetaria.

El Parlamento japonés confirma la nominación, y el primer anuncio del nuevo gerente es que va a hacer “lo que sea necesario” para que aumente la inflación y combatir la revaluación del yen que estaba acabando con la industria exportadora del país. Para lograrlo, va a hacer una agresiva expansión monetaria, 75.000 millones de dólares es el tope, comprando toda clase de activos financieros, no solo bonos del Gobierno.

El primer gran beneficio de la nueva política ha sido la devaluación del yen. En la última década, el precio del dólar bajó de 110 a 76 yenes –una revaluación del 45 por ciento, menor que la colombiana, que fue del 65 por ciento–, pero con las expectativas creadas por el nuevo Gobierno empezó a subir desde el 2012, superando la barrera de los 90 yenes en marzo, y acercándose a los 100 después del nombramiento del nuevo Gerente del BOJ. ¡Es una devaluación del 30 por ciento en solo 5 meses!

La devaluación del yen ha puesto en marcha un círculo virtuoso en la economía japonesa: la reactivación del sector exportador incrementa sus ganancias y le permite aumentar la inversión, impulsando el resto del aparato productivo. Las mejores expectativas de los inversionistas han disparado los precios de las acciones en la bolsa, subiendo el índice Nikkei de 8.900 a casi 13.000, lo que ha aumentado la riqueza de las personas y va a estimular el consumo. Esto, complementado con un aumento de 60.000 millones de dólares en inversión pública, es una receta exitosa para la recuperación.

Como le decía Keynes al Gobierno inglés en 1931, en medio de la Gran Depresión: “la devaluación debe ser tomada por todo el país no como un desastre, sino con un extraordinario sentimiento de alivio y esperanza”.

COLETILLA: cualquier diferencia con la política colombiana no es una coincidencia, sino una tragedia causada por la resignación y complacencia de las autoridades económicas con la revaluación.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

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