Mauricio Cabrera Galvis

‘Que no panda el cúnico’

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
mayo 12 de 2015
2015-05-12 04:31 a.m.
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Habría que recordar esta conocida advertencia del Chapulín Colorado ante el pánico que están sintiendo algunos analistas económicos con las cifras más recientes de la inflación en Colombia. Es cierto que se ha acelerado, pero no hay motivos de alarma ni mucho menos para modificar la política prudente que hasta ahora ha mantenido el Banco de la República (BR).

En abril pasado, la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), registró un aumento anual del 4,6 por ciento, un poco por encima del límite superior de la meta de inflación del Emisor (4 por ciento), ante lo cual varias entidades como Anif, e incluso un editorial de El País, de Cali, ayudaron a prender las alarmas y recomendar una acción directa del BR para controlar tan grave amenaza.

Las medidas sugeridas son la subida de las tasas de interés para frenar el crédito, y con ello la inversión y el consumo de los colombianos, y salir a vender dólares para tener el doble efecto de disminuir la cantidad de dinero en circulación y revertir la devaluación del peso frente al dólar.

Tremenda equivocación, tanto en el diagnóstico como en menospreciar el impacto negativo que tendrían esas medidas sobre el crecimiento y el empleo en medio de la coyuntura recesiva que atraviesa el país y la región.

Primero, porque el actual aumento de la inflación no se debe a presiones de demanda, sino que es casada por problemas de oferta especialmente en el grupo de alimentos, cuyos precios crecieron 7,7 por ciento, con ítems con aumentos tan escandalosos como el arroz (38 por ciento), la papa (34 por ciento) o el fríjol (51 por ciento). Por eso, uno de los índices de precios que mira el BR, que es la inflación sin alimentos, solamente subió 3,4 por ciento en el año.

Segundo, porque la causa del aumento de los precios no es la bienvenida devaluación del peso. Además de los alimentos, el otro ítem que explica una cuarta parte del aumento de la inflación es la vivienda, y los otros grupos que más se encarecieron fueron: educación (4,7 por ciento), salud (4,4 por ciento) y las diversiones (4,3 por ciento), cuyos precios tampoco dependen del dólar. Por el contrario, el grupo de bienes transables, es decir, que sí dependen del dólar, solo creció 3,6 por ciento.

Ante estos hechos, es evidente que sería un error tomar medidas para bajar la inflación por la vía de enfriar la demanda o usar la tasa de cambio. Sí se lograría reducir unas décimas la variación del IPC, pero con unos costos enormes en materia de crecimiento y empleo, más cuando se espera que este año el PIB solo crezca alrededor del 3 por ciento. De hecho, el mismo BR revisó a la baja sus pronósticos del crecimiento de la economía al 3,2 por ciento.

Afortunadamente, para el país, la junta directiva del BR no se ha dejado asustar por los halcones de la inflación y ni ha subido sus tasas de interés ni ha salido al mercado a vender dólares para bajar su precio. Las minutas de su última reunión confirman que están viendo el aumento de la inflación como un fenómeno temporal, causado por los alimentos y no por la devaluación.

Pero lo más importante es que han cambiado las posturas monetaristas de las décadas pasadas y ahora están más preocupados por la desaceleración del crecimiento y el déficit externo, que por el aumento de los precios. Así debe ser, porque lo que si nos debe dar pánico es que el PIB baje 1 por ciento, y no que la inflación suba 1 por ciento.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

macabrera99@hotmail.com

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