Mauricio Cabrera Galvis

Las propuestas de Santos

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
marzo 04 de 2014
2014-03-04 04:00 a.m.
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Como en la vieja película del oeste, las propuestas del presidente Santos de promover una reforma constitucional para eliminar la reelección y ampliar el periodo de alcaldes y gobernadores tiene lo bueno, lo malo y lo feo.

Lo mejor de todo, es acabar con la funesta figura de la reelección presidencial que tanto daño le ha hecho a la democracia colombiana, empezando por la forma corrupta como un expresidente la hizo aprobar utilizando todos los medios legales e ilegales para cambiar ‘un articulito’ de la Constitución en beneficio propio. Sin entrar a discutir las cualidades o defectos de un mandatario en particular, no es bueno para el país tener un presidente-candidato con la tentación de no gobernar, sino hacer campaña y usar todos los privilegios y el aparato del Estado para hacerse reelegir.

Es bueno también que se elimine la inútil figura de la Vicepresidencia, que en 20 años de existencia o no ha servido para nada o ha sido una piedra en el zapato del mandatario de turno. Además, es cuantioso el costo fiscal de mantener toda la parafernalia de ese cargo sin funciones, y esa platica se puede destinar a mejores usos.

Asimismo, es bueno que se acabe con la circunscripción nacional para las elecciones de Senado, pues ha dejado a muchos departamentos sin representación en este cuerpo y ha encarecido de manera escandalosa los costos de las campañas electorales presionando a los candidatos a buscar todo tipo de patrocinios y fuentes de financiación. Por supuesto, se debe mantener un número suficiente de curules para las minorías que sí serían elegidas a nivel nacional.

Lo malo es que la propuesta es incompleta por lo menos en dos aspectos. Primero, hay que extender la prohibición de la reelección de todos los funcionarios públicos porque, como se ha comprobado en el caso de la Procuraduría, atenta contra la democracia que un funcionario tenga a su disposición recursos burocráticos, puestos y contratos para hacer campaña en beneficio propio.

Segundo, falta incluir en la reforma la eliminación del voto preferente y la obligación a todos los partidos para que presenten listas cerradas, pero, eso sí, que no sean conformadas por el bolígrafo del caudillo, sino mediante mecanismos que garanticen la democracia interna y la participación de sus militantes, y exijan a los directores de los partidos responder, incluso penalmente, por los candidatos seleccionados.

El voto preferente ha sido el mecanismo para que los barones feudales, con su pequeña cauda de votos amarrados, mantengan el control de los partidos, puedan elegir a qué partido afiliarse; además de que es un incentivo perverso para la compra de votos y la corrupción electoral.

Lo feo de la propuesta es la idea de ampliar el periodo de los alcaldes y gobernadores y unificarlo con el del presidente. Para el sistema de pesos y contrapesos que requiere una democracia es mejor que no se concentren todas las elecciones de mandatarios nacionales y regionales en la misma fecha, sino que los electores tengan distintas oportunidades para evaluar y votar sobre el desempeño de los partidos que gobiernan. Además, antes es necesario reformar y fortalecer los órganos de control regionales para evitar que periodos de gobierno más largos no se conviertan en mayores oportunidades de corrupción y saqueo de los recursos públicos

En el caso de los mandatarios actuales, extender su periodo sería un cambio de las reglas de juego en la mitad del partido, útil para la campaña electoral en marcha, pero dañino para la democracia.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

macabrera99@hotmail.com

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