Mauricio Cabrera Galvis

Al rescate del sueño americano

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
enero 14 de 2014
2014-01-14 03:40 a.m.
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En medio de las festividades navideñas pasó desapercibido un importante discurso del presidente Obama en el que definió como la principal prioridad para sus últimos tres años de Gobierno reducir la desigualdad social y económica, y así rescatar el sueño americano que se ha destruido con 30 años de políticas neoliberales.

El ‘sueño americano’ es la ilusión que tiene toda persona que nace en Estados Unidos, o llega a vivir allá como inmigrante, que trabajando duro tendrá la oportunidad de mejorar su status en la sociedad y que, sin importar la raza, la clase o el sitio donde haya nacido, podrá dejar a sus hijos una vida mejor que la que él tuvo.

Aunque esta ilusión hace parte del imaginario colectivo de los norteamericanos desde que en la Declaración de Independencia de 1776 se proclamó que “todos los hombres son creados iguales” y con los mismos derechos, la verdad es que hasta bien entrado el siglo XX solo una privilegiada minoría pudo hacer realidad ese sueño.

Solo después de la Gran Depresión de los años 30, con las políticas del New Deal, la mayoría de los norteamericanos blancos tuvieron la oportunidad de mejorar sus vidas, educar a sus hijos, tener casa propia y servicios de salud, conformando una sociedad en la que predominaba la clase media. Por supuesto, los afrodescendientes tuvieron que esperar otros 40 o 50 años para tener las mismas oportunidades.

Obama reconoce que desde los años 70 la creciente desigualdad y la menor movilidad social están amenazando con destruir el sueño americano, acabando con la cohesión social, debilitando la democracia y frenando el crecimiento económico.

Los hechos que sustentan estas afirmaciones son contundentes: “desde 1979 nuestra economía se ha duplicado, pero la mayor parte de este crecimiento se ha quedado en manos de unos pocos privilegiados. El 10% más rico que antes recibía un tercio del ingreso nacional, ahora se queda con la mitad. En el pasado, el presidente de una compañía ganaba 20 a 30 veces el salario promedio de sus trabajadores, y ahora gana 273 veces más. La riqueza de una familia del 1% más rico es 288 veces más alta que el promedio nacional”.

Preocupa a Obama no solo esta creciente desigualdad, sino también la perdida de movilidad social: “un niño nacido en una familia del 20% más rico tiene una probabilidad del 70% de subir todavía más, pero un niño nacido en el 20% más pobre tiene menos de un 5% de probabilidades de ascender. (…) Es mucho más difícil mejorar su situación económica para un niño nacido en EE. UU. que en cualquiera otro de los países ricos”.

Estos y muchos hechos similares demuestran la gran falacia de la teoría económica del ‘derrame’, es decir, de la creencia reaccionaria de que solo cuando se llene el vaso para unos pocos las gotas se derramarán llegando a la mayoría. En su discurso, Obama rechaza esas teorías, así como el mito de que el libre mercado solucionará el problema, y plantea toda una agenda de políticas públicas para reducir la desigualdad y mejorar la movilidad social.

En Colombia, la falacia de que primero hay que crecer la torta y solo después repartirla, la promovió el conservador Álvaro Gómez con el nombre de ‘desarrollismo’, y el expresidente de los tres huevitos la rebautizó como la ‘confianza inversionista’, y como resultado, el país llegó a ser el campeón regional de la desigualdad. Para fortuna, ese huevito también se rompió y empezó a cambiar la tendencia, aunque todavía de manera muy lenta.

Mauricio Cabrera G.

Consultor privado

macabrera99@hotmail.com

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